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José Revueltas

Dios en la tierra

  • Yidan Espinozacompartió una citahace 2 años
    mundo puede ser inconmensurable; pueden existir países y montañas y ríos y ciudadanos. Pero el sufrimiento humano, aun el más grande, el sufrimiento que no tenga medida, puede caber en sólo un pedacito de la tierra, en un pedacito pequeño, donde quepan un pie o una mirada.
  • Yidan Espinozacompartió una citahace 2 años
    «No soy tan bueno o tan malo para decirte la verdad», pensó.
  • Yidan Espinozacompartió una citahace 2 años
    Al menos si hubiera amor —continuaba—, aquello perdería todos los elementos oscuros, todos los subterfugios innobles de que se vale…
  • Yidan Espinozacompartió una citahace 2 años
    Tonterías!
    —Sí —repitió obstinadamente—, vergüenza…, tú no sabes… La moral no existe —dijo con exagerada rotundidad—, pero hay algo raro… cuando contradices tu propio ser, cuando tu propio ser te contradice a ti mismo…, cuando se pierde el sentido de la fecundidad y es como si te masturbaras…
  • Yidan Espinozacompartió una citahace 2 años
    (¡Y bajo la luz del sol! ¡Sin sombras, Dios mío! Con el cuarto lleno de mañana, impúdicamente, mirándose los cuerpos.)
  • Yidan Espinozacompartió una citahace 2 años
    Es difícil explicarlo tratándose de una persona que ejerce profesión tan equívoca, pero en la medida de sus posibilidades, ella practicaba el bien; no era un ser grosero y desconsiderado; creía que el hombre es susceptible de mejoramiento y, convicta de su propia corrupción, hubiera llegado a cualquier sacrificio
  • Yidan Espinozacompartió una citahace 2 años
    Algo que ignoraba y que no había sospechado poseer,
  • Yidan Espinozacompartió una citahace 2 años
    Pero ya por la noche una serie de emociones y sentimientos tenaces le embargaron el espíritu de manera inquietante: algo había sido tocado en su ser más íntimo.
  • Yidan Espinozacompartió una citahace 2 años
    Dios está aquí de nuevo, para que tiemblen los pecadores
  • Yidan Espinozacompartió una citahace 2 años
    Dios vivo y enojado, iracundo, ciego como Él mismo, como no puede ser más que Dios, que cuando baja tiene un solo ojo en mitad de la frente, no para ver sino para arrojar rayos e incendiar, castigar, vencer.
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