La nostalgia, si es la palabra correcta, es un agresor brutal y astuto, que en su ataque utiliza la emboscada, embiste cuando menos lo esperamos, golpea justo en el pecho y nos deja sin respiración. La nostalgia se presenta con una máscara en la cara y, lo que es más irónico aún, nosotros somos un objetivo suyo fortuito. La nostalgia aparece en la traducción, a menudo en las malas traducciones, cruzando un enrevesado camino como en el juego del teléfono roto.