Amado Nervo

Un sueño

    Sinhue_Masancompartió una citahace 2 años
    -¡Señor -replicó la princesa con voz apagada-, sois rey, rey poderoso; pero todo el poder de Vuestra Majestad no basta para aprisionar una sombra, ni para retener un ensueño!
    Michelle Maccompartió una citael mes pasado
    -¡Pero, entonces -insinuó Lope con espanto-, tú… tú no vives ; tú, Mencía, la esposa de mi corazón, la elegida de mi alma, la única a quien siento que he amado… desde hace mucho, mucho, desde todos los siglos!, ¿no eras más que una sombra?
    Michelle Maccompartió una citael mes pasado
    -¡No, no! -exclamó Mencía, como si hubiese seguido los pensamientos de Lope- ¡No te duermas! ¡No te duermas! ¡Lope mío, por Dios, no te duermas!

    Lope hizo un esfuerzo y abrió aterrorizado, cuan grandes eran, los ojos, que comenzaban a cerrarse.

    -¿Por qué, mi amor, por qué?… -interrogó.

    -¡Porque me perderás, porque al despertar… ya no habrás de encontrarme!

    -¿Cómo? ¿Qué dices? ¡Luego tú no existes, luego esos ojos y esa boca, y esos cabellos y ese amor… no son más que un sueño!

    -¡No son más que un sueño! -repitió Mencía fúnebremente.
    Michelle Maccompartió una citael mes pasado
    un bello trozo de ónix verde de la Puebla de los Ángeles
    Michelle Maccompartió una citahace 2 meses
    -¡Oh, jurara que la he visto, que la he poseído, Mencía de mi alma! Era… ¿cómo te explicaría yo esto? Era como un coche que anduviese solo, merced a una mecánica que no acertarías a comprender. Volaba, Mencía, volaba… Y vivía yo, asimismo, entre muchedumbre de otras máquinas. Las había que almacenaban y repetían la voz del hombre; las había que, sin intermedio alguno, llevaban la palabra a distancias inmensas, y otras que lo hacían por ministerio de un hilo metálico; las había que reproducían las apariencias, aun las más fugitivas, de los objetos y de las personas, como lo hacen los pintores, solo que instantáneamente y de un modo mecánico; máquinas que escribían con sorprendente diligencia y nunca vista destreza, como no podrían hacerlo nuestros copistas, maguer sus abreviaturas, y con una claridad que en vano pretenderían emular nuestros calígrafos; máquinas que calculaban sin equivocarse jamás; máquinas que imprimían solas; máquinas que corrían vertiginosamente sobre dos bordes paralelos de acero… Yo habitaba una ciudad llena de estas máquinas y de industrias innumerables. Los hombres sabían mucho más que sabemos hoy, y eran mucho más libres… , pero no felices. Los metales que yo manejo con tanta fatiga y tan difícilmente trabajo, ellos los manejaban y trabajaban de modo que maravilla, y conocían además su esencia íntima, no a la manera de Avicena, de Arnaldo de Villanova o de Raimundo Lulio, que los tienen como engendrados por azogue y azufre, sino merced a las luces de una química más sabia; y habían descubierto otros nuevos, uno entre ellos que era acabado prodigio, porque en sí mismo llevaba una fuente de energía, de calor. Vestían las gentes de distinta manera que vestimos tú y yo, y vivían una vida agitada y afanosa; hablaban otro idioma. Y yo era rey, tenía ejércitos con armas de un alcance y de una precisión que apenas puedo comprender, y junto a las cuales nuestros arcabuces con sus pelotas, nuestras culebrinas de mayor alcance y nuestros cañones, serían cosas de niños. ¡Poseía flotas, no compuestas de galeras, galeazas y galeones, no construidas a la manera de nuestras naos, no movidas a remo o a vela, sino por la fuerza del vapor, del vapor de agua, Mencía, el cual escapaba de ellas en torbellinos negros!, y algunas se sumergían como los peces, y…
    Michelle Maccompartió una citahace 2 meses
    Se sabía de memoria los detalles de la mayor parte de estas obras maestras de metal que existían entonces en la Península, casi todas ellas en forma de quiméricas arquitecturas, en que la inspiración de los artistas no conocía límites para su vuelo.
    Michelle Maccompartió una citahace 3 meses
    ¿Sería dado, al que esto escribe, expresar la sensación de costumbres, de familiaridad, de hábito, que iba rápidamente invadiendo el alma de Lope?

    ¡El pasmo se fue, se fue la estupefacción; quedaba un poco de asombro; lo sustituyó cierta sorpresa, un resabio de extrañeza, de desorientación; luego, nada, nada (tal es nuestra prodigiosa facultad de adaptación a las más extraordinarias circunstancias); nada que no fuera el sentimiento tranquilizador de la continuidad de una vida ya vivida que sólo había podido interrumpir por breves horas un ensueño que él había sido engañoso: el de rey!
    Michelle Maccompartió una citahace 3 meses
    Este cuento debió llevar por título «Segismundo o la vida es sueño», pero luego elegí uno más breve, como para ser voceado en la Puerta del Sol por vendedores afanosos, entre el ajetreo y la balumba de todas las horas.
    b0819784752compartió una citahace 10 meses
    -¡Señor -replicó la princesa con voz apagada-, sois rey, rey poderoso; pero todo el poder de Vuestra Majestad no basta para aprisionar una sombra, ni para retener un ensueño!
    b0819784752compartió una citahace 10 meses
    que era él como una continuación viva de los muertos; que siempre había vivido, que viviría siempre, juntando en su existencia los hilos de muchas existencias invisibles de ayer, de hoy, de mañana.
    Juan Duráncompartió una citael año pasado
    buena estrella me libre de presumir tal cosa, ahora que tanto abundan los eruditos y los sabios, a mí, que por gracia de Dios no seré erudito jamás, y que sabio… no he acertado a serlo nunca.
    Dana Kalidcompartió una citael año pasado
    -¡Señor -replicó la princesa con voz apagada-, sois rey, rey poderoso; pero todo el poder de Vuestra Majestad no basta para aprisionar una sombra, ni para retener un ensueño!
    Dana Kalidcompartió una citael año pasado
    Tristes los dos: ¿por qué?

    Ella lo sintetizó más tarde en estas solas palabras: «¡Tengo miedo de que duermas!».

    ¡Ah, sí; él también tenía miedo de eso… !

    A medida que llegaban las sombras, parecíale que todo: la ciudad, las gentes, su Mencía misma, tenían menos realidad… ¡Si iría el sueño a disolver aquello como a vano fantasma!

    ¡Si estaría aquello hecho de la misma sustancia de su ensueño!

    ¡Si al dormir perdería a su amada! ¡Qué desconsuelo, qué miedo, qué angustia!
    Dana Kalidcompartió una citael año pasado
    Y a ella, pensó Lope al verla, que siempre la quiso. ¡Desde quién sabe qué recodos misteriosos del pasado venía este amor!

    ¡Era la criatura por excelencia, hecha como de una alquimia divina!

    Era la compañera ideal, casta, apacible, con un poco de hermana en su abandono, con un poco de madre en su ternura.

    Era el alma cuyo vuelo debía periódicamente en los tiempos cruzarse con el suyo, cuya órbita debía con la suya tener forzosamente intersecciones.

    ¡Para él habíala Dios hecho, tota pulchra; como los más claros cristales, clara; incorruptible como el oro e inocente como la rosa!

    -¿Verdad que siempre me has amado? -le preguntó de pronto con indecible ímpetu, atrayendo su cabecita obscura y buscando ávidamente el regalo de sus labios.

    -¡Siempre! -respondió con simplicidad la voz de plata-. ¡Siempre!
    b8259648712compartió una citahace 2 años
    Ante ferit quam flamma micet.
    b8259648712compartió una citahace 2 años
    se codeaban en el más heteróclito contubernio.
    Valentina Vásquez Contrerascompartió una citahace 2 años
    Hermana mía, ¿no la veré, pues, nunca? ¿Nunca más he de verla? Yo la amé, sin embargo… Estoy loco, hermana mía. ¡La amé y anhelo recobrarla!…
    -¡Señor -replicó la princesa con voz apagada-, sois rey, rey poderoso; pero todo el poder de Vuestra Majestad no basta para aprisionar una sombra, ni para retener un ensueño!
    Valentina Vásquez Contrerascompartió una citahace 2 años
    ¡No son más que un sueño! -repitió Mencía fúnebremente.
    -¡Pero, entonces -insinuó Lope con espanto-, tú… tú no vives ; tú, Mencía, la esposa de mi corazón, la elegida de mi alma, la única a quien siento que he amado… desde hace mucho, mucho, desde todos los siglos!, ¿no eras más que una sombra?
    Valentina Vásquez Contrerascompartió una citahace 2 años
    Y a ella, pensó Lope al verla, que siempre la quiso. ¡Desde quién sabe qué recodos misteriosos del pasado venía este amor
    Valentina Vásquez Contrerascompartió una citahace 2 años
    El cielo era de una incontaminada pureza. Una suave frescura primaveral llegaba de los campos, de las peñas, del río
fb2epub
Arrastra y suelta tus archivos (no más de 5 por vez)