Tormenta de espadas, George R. R. Martin
George R. R. Martin

Tormenta de espadas

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Rhardy
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fino y rasgos de zorro, pero tenía una boca tan ancha que al sonreír parecía como si se le conectaran las orejas
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ganar el trono para salvar el reino, cuando debería intentar salvar el reino para ganar el trono
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Davos dijo que había puesto el carro por delante de los caballos. Yo estaba tratando de ganar
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En cierta ocasión el rey Jaehaerys me dijo que la locura y la grandeza no son más que dos caras de la misma moneda
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Por qué querría verlo muerto? —Meñique se encogió de hombros—. No tengo ningún motivo concreto. Además, estoy a un millar de leguas de distancia, en el Valle. Hay que confundir siempre a los enemigos. Si nunca están seguros de quién es uno ni de qué quiere, no tienen manera de saber qué será lo próximo que haga. A veces la mejor manera de desconcertarlos es hacer movimientos que no tienen sentido, o que incluso parece que van contra los intereses de uno. No lo olvidéis cuando juguéis al juego, Sansa
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Te pondremos en una torre con un arco, pero si te caes y te matas luego no me vengas llorando.
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Sólo un hombre que se muere de hambre suplica pan a un mendigo —murmuró
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Ahora eres muy grande, pero cuanto más alto está un hombre desde más arriba cae
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Las rocas, los árboles y los ríos —seguía diciendo el Perro—. ¿Acaso las rocas necesitan que las defiendan? Robert no pensaba así. Lo que no se podía follar, combatir o beber lo aburría, igual que lo aburriríais vosotros... Compañía
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pero su tierra aún existe. Y nosotros la defendemos.

—¿La defendéis? —El
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No hay muro que pueda darte seguridad —le había dicho en cierta ocasión su padre mientras recorrían las murallas de Invernalia—. Cualquier muro es sólo tan fuerte como los hombres que lo defienden
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para introducir dedos oscuros entre los pinos
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Para entonces el día tocaba a su fin y las sombras alargadas reptaban por las laderas de las montañas
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Recuerda los cuentos de la Vieja Tata, Bran. Recuerda cómo los contaba y el sonido de su voz. Mientras los recuerdes, parte de ella vivirá siempre en ti
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Los dioses nos dan a cada uno nuestros talentos, grandes y pequeños, y a nosotros nos corresponde utilizarlos. Eso me dice siempre mi tía. Cualquier acto puede ser una plegaria, si lo llevamos a cabo lo mejor posible
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Cuando las espadas despertaban, el tiempo se echaba a dormir
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»Me fui al día siguiente... hacia un sitio donde un beso no fuera un crimen y un hombre pudiera vestir la capa que quisiera. —Cerró el broche y volvió a sentarse—.
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pero la Guardia de la Noche era disciplinada, y en el combate la disciplina vence al número en nueve de cada diez ocasiones, como le dijera una vez su padre
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El dolor lo roía como un perro sin dientes; Tyrion odiaba la debilidad, sobre todo la propia, aquello lo avergonzaba y la vergüenza lo ponía rabioso—. ¡Pod, ven ahora mismo
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Bernard Cornwell (la serie del Señor de la Guerra en particular) y, en general, la nueva hornada de escritores
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