Dante Alighieri

Divina Comedia

    b6441103345compartió una citahace 4 años
    «Esta mísera suerte tienen las tristes almas de esas gentes que vivieron sin gloria y sin infamia
    Nueve Aguilarcompartió una citael mes pasado
    perdidos somos, y es nuestra condena vivir sin esperanza en el deseo.
    Nueve Aguilarcompartió una citael mes pasado
    Temer se debe solo a aquellas cosas que pueden causar algún tipo de perjuicio; pero a las otras no, pues mal no provocan.
    Nueve Aguilarcompartió una citael mes pasado
    si me entrego a ese viaje, que ese camino sea una locura
    Alvaritocompartió una citael año pasado
    Entonces empezaba un nuevo día, y el Sol se alzaba a la vez que las estrellas que junto a él el gran amor divino sus bellezas movió por vez primera; así es que no auguraba nada malo de aquella fiera de la piel manchada la hora del día y la dulce estación; pero no tal que terror no produjese la imagen de un león[4] que después apareció a mi vista.
    b6441103345compartió una citahace 4 años
    a tal clase de martirio los lujuriosos eran condenados
    b6441103345compartió una citahace 4 años
    están sin el bautismo, donde la fe en que crees principio tiene.
    b6441103345compartió una citahace 4 años
    infame de ángeles que no se rebelaron, no por lealtad a Dios, sino a ellos mismos. Los castigó el cielo, porque menos bello no sea, y el Infierno los rechaza, pues podrían dar gloria a los caídos.»
    b6441103345compartió una citahace 4 años
    los que maldiciendo a Dios hallan la muerte, llegan aquí de todos los países: y están ansiosos de cruzar el río, pues la justicia santa les empuja, y así el temor se transforma en deseo.
    b6441103345compartió una citahace 4 años
    gentes que vivieron sin gloria y sin infamia. Están mezcladas con el coro infame de ángeles que no se rebelaron, no por lealtad a Dios, sino a ellos mismos.
    masterocompartió una citahace 4 años
    verdadera. Pero cuando hube llegado al pie de una cuesta, allí donde aquel valle terminaba que el corazón me había llenado de terror, hacia lo alto miré, y vi que su cima ya vestían los rayos del planeta[2] que lleva recto por cualquier camino.
    Entonces se calmó algo aquel miedo, que en el lago del alma había entrado la noche que pasé con tanta angustia. Y como quien con aliento anhelante, ya salido del marasmo cenagoso a la orilla, se vuelve y mira al agua peligrosa, tal mi ánimo, huyendo todavía, se volvió por mirar de nuevo el sitio que a los que viven traspasar no deja. Tras reposar un poco el cuerpo fatigado, seguí el camino por la estéril loma, siempre afirmando el pie de más abajo. Y vi, casi al principio de la cuesta, una pantera[3] ligera y muy veloz, que
fb2epub
Arrastra y suelta tus archivos (no más de 5 por vez)