Federico Navarrete

Chilango y tenochca

Roberto y Xomácatl son dos jóvenes que viven en el mismo territorio pero en dos épocas distintas. El primero habita en la actual Ciudad de México y el segundo, en la antigua México-Tenochtitlan. Enfrentados al acoso de sus compañeros, ambos cruzan un umbral que los lleva a intercambiar personalidades y a emprender una misión para hallar el camino de regreso a sus propios tiempos y hogares. Una travesía extraordinaria para conocer el pasado y el presente de la capital de México.
109 páginas impresas
Propietario de los derechos de autor
Bookwire
Publicación original
2020
Año de publicación
2020
Editorial
Ediciones SM
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Opiniones

    Ana Saenzcompartió su opiniónel año pasado
    👍Me gustó
    🔮Profundo
    😄Divertido
    🐼Adorable

    Un viaje en el tiempo lleno de aventuras que suceden tanto en la Ciudad de México como en México Tenochtitlán. Aborda los valores para los jóvenes de una y otra época, las costumbres familiares y sociales. Una lectura muy recomendable.

    Zeltzin Palacioscompartió su opiniónhace 2 años
    🐼Adorable

    Qué historia tan bonita ✨💗

    Mariana Nomáscompartió su opiniónhace 2 años
    👍Me gustó
    😄Divertido
    🐼Adorable

Citas

    Brencompartió una citael año pasado
    Por fin llegaron a una especie de cueva al lado de la calzada, cuya puerta oscura se abría en la parte baja de una montaña inmensa, llena de agujeros cubiertos por aire sólido, como los de su nueva Casa de los Jóvenes. Al levantar la vista, Xomácatl se dio cuenta de que la calzada estaba flanqueada por esas montañas hechas por los humanos, las cuales parecían más altas que los templos de Huitzilopochtli y Tláloc en la plaza principal de México-Tenochtitlan. Escandalizado, su tonalli se preguntó si los habitantes de esa ciudad tenían tantos dioses o si estaban tan locos que erigían montañas como aquéllas sólo para ellos mismos y no para alimentar y honrar a sus guardianes y protectores.
    Brencompartió una citael año pasado
    —¡Me encanta el metal pesado! —exclamó, sin sorprenderse ya de que su nuevo corazón supiera el nombre de esa música maravillosa.

    Sentía ganas de bailar, como hacían los jóvenes en esos festivales, pero temió que el cuerpo debilucho y torpe de Roberto no supiera seguir el compás acelerado de la música.

    —Sabía que te gustaría este lugar —respondió Luis con una gran sonrisa.

    También le encantó que en ese sitio oscuro las personas llevaran el cabello largo y se pintaran la cara y los brazos con dibujos de colores, como en México-Tenochtitlan. El más admirable de todos le p
    Brencompartió una citael año pasado
    En el interior de la cueva retumbaba una música ruidosa que lo fascinó: gritos temibles acompañados por el golpeteo de tambores y alaridos de algún instrumento desconocido que le erizaba la piel. El ritmo era aún mejor que el de los tambores de las fiestas del Templo Mayor.

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