Les daba una especie de nostalgia este perro que no se rinde, que lucha, que ataca a la autoridad, que está con nosotros, que somos como perros callejeros, maltratados, hambrientos. Lo ideologizaron y lo hicieron símbolo. Le dio una narrativa a un movimiento amorfo, a una masa de gente desconocida. Fue lindo en un principio, pero las protestas se fueron poniendo feas y se volvió turbio. El nombre, que partió como algo chistoso, ya no era simpático, cobraba otro tipo de significado, se transformó en algo tóxico, hasta lo usaron como símbolo de terrorismo. Fue muy, muy fuerte.