La historia de Tristán e Isolda, Joseph Bédier
Joseph Bédier

La historia de Tristán e Isolda

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Tristán se volvió hacia la pared y dijo:
—No puedo retener la vida por más tiempo. —Por tres veces dijo—: ¡Isolda, amiga!
A la cuarta, entregó el alma
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Amiga, ¿cómo has podido tardar tanto tiempo en reconocerme, más tiempo que este perro? ¿Qué importa el anillo? ¿No entiendes que me habría resultado más dulce que me reconocieras cuando te hablaba de nuestros amores pasados? ¿Qué importa el sonido de mi voz? El sonido de mi corazón es lo que deberías haber oído
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aldavcompartió una citahace 10 días
Bien veía que el loco conocía todas aquellas cosas, pero sería locura reconocer en él a Tristán
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aldavcompartió una citahace 10 días
Por mi cabeza, que fue rubia hasta hace poco, que si la razón ha huido de ella, fue por tu causa, dulce Brangel. ¿Acaso no eras tú la encargada de guardar el brebaje que bebí en alta mar? Lo bebí durante los grandes calores, en una copa de plata, y la ofrecí a Isolda. Tan sólo tú lo supiste, hermosa joven. ¿Ya lo has olvidado
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Muy bien sabéis hoy maldecir y excomulgar. ¿Dónde habéis aprendido ese oficio
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Sabe cosas que nadie sabe, fuera de ti, de mí y de Tristán
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amar a las reinas, y lanzar a los arroyos ramas bien talladas
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Cuando Isolda oyó aquellas palabras que sólo ella podía comprender, escondió la cabeza en el manto, se levantó y quiso marcharse. Pero el rey la retuvo por la capa de armiño y la hizo sentar a su lado
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Los dos bebimos de la misma copa. Desde entonces he estado ebrio y de una embriaguez infausta…
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Por qué has venido aquí a decir esas sandeces
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Por ella he cumplido grandes trabajos y por ella me volví loco.
—¿Quién eres, pues?
—Soy Tristán, aquel que tanto amó a la reina y que la amará hasta la muerte
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aldavcompartió una citahace 10 días
Si te doy a la reina, ¿qué querrás hacer con ella? ¿Adónde la llevarás?
—Allá arriba, entre el cielo y las nubes, a una hermosa casa de cristal. El sol la atraviesa con sus rayos, los vientos no pueden romperla. Allí llevaré a la reina, a una habitación de cristal, florida de rosas, luminosa por la mañana, cuando resplandece el sol
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aldavcompartió una citahace 10 días
Amigo, ¿qué habéis venido a buscar?
—A Isolda, a quien tanto amé. Tengo una hermana, Brunehalda, a la que os traigo. La reina os aburre, probad a ésta. Hagamos el cambio, yo os doy a mi hermana y vos me otorgáis a Isolda. Yo la tomaré y os serviré por amor
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He aquí un buen compañero. Dejad que se acerque.
Lo trajeron, con la maza al cuello.
—Amigo, sed bienvenido—dijo el rey
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Pero ¿qué importa que me mate?—pensó—, ¿Isolda, acaso no debo morir por ti? Y ¿qué hago cada día sino morir
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Sabía que, lejos de ella, su muerte era segura y próxima. ¡Antes morir de un golpe, que lentamente, cada día! Quien vive en el dolor es como un muerto, y Tristán deseaba la muerte, quería la muerte, pero por lo menos que la reina supiera que moría por el amor de ella, que lo supiera, así moriría más dulcemente
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Todos lo recibieron bien, pero Isolda la Rubia lo había alejado de su lado, y ahora nada le importaba. Largo tiempo languideció lejos de ella
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Desde aquel día, para castigarse por su error y su locura, Isolda la Rubia llevó un cilicio apretado contra su carne
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La reina, ¡ay!, pronto se arrepintió
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tal vez os arrepentiréis de ello cuando ya sea tarde
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