Carlos Busqued

Magnetizado

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    camigrassocompartió una citahace 9 días
    Asociación de ideas: normal. El contenido a veces es absurdo.
    Santiago Battistincompartió una citahace 8 meses
    Me siento a comer y veo que se me pegan los cubiertos a la mano. Lo primero que se me ocurre pensar es: «La mierda, estoy magnetizado, qué me pasó.» Me fijo bien, y no: tenía sangre en la mano.
    Mcompartió una citahace 9 meses
    una conexión mecánica con los asesinatos. ¿Cómo empieza en la fantasía y termina matando?
    –Por lo que cuenta, estaba cada vez menos conectado con la realidad, se evadía cada día más. Una evasión que se iba de control, se le imponía. Las fantasías son más desde la pérdida de contacto con la realidad. El acto de fantasear en sí mismo, algo que hacía desde chico. Gradualmente se va metiendo en el mundo de la fantasía, con las historietas, era shogun, vivía aventuras..., pienso que debe haber tenido algún episodio psicótico infantil: lo de sentir presencias, cosas..., eso que cuenta que de chico dormía con ese cuchillo debajo de la almohada, el miedo a las sombras, lo de que había algo debajo de la cama. Los terrores infantiles son algo normal, todos los chicos tienen ese terror. Pero no todos los chicos duermen con un cuchillo debajo de la almohada. Pienso que ahí ya cruzó cierta línea.
    Mcompartió una citahace 9 meses
    El acto de fantasear en sí mismo, algo que hacía desde chico. Gradualmente se va metiendo en el mundo de la fantasía, con las historietas, era shogun, vivía aventuras..., pienso que debe haber tenido algún episodio psicótico infantil: lo de sentir presencias, cosas..., eso que cuenta que de chico dormía con ese cuchillo debajo de la almohada, el miedo a las sombras, lo de que
    Mcompartió una citahace 9 meses
    –Raro en qué sentido.
    –No parece un asesino en serie.
    –Vos esperabas un tipo con una máscara de cuero, una motosierra...
    Mcompartió una citahace 9 meses
    »Hubo una masacre medio famosa en Devoto, por el Rivotril. Habían entrado doscientas pastillas. Entraron al mediodía, y para las tres de la tarde arrancó la primera pelea: había uno que lo vimos que andaba nervioso con medias en las manos. Le conocíamos la maña, abajo de las medias guardaba la faca. Lo vimos con eso y dijimos va a haber problemas. En un momento se sienta en una cama, a hablar con otro. Estaban ahí charlando y de repente le metió tres puñaladas.
    Mcompartió una citahace 9 meses
    La 20 era un depósito de gente que la ponías ahí y te olvidabas.
    Mcompartió una citahace 9 meses
    Una vez, se armó un grupo que empezó a preparar una fuga. Para eso se entra un arma, una pistola chiquita calibre 6.35, con munición, una sevillana automática, y se estaba esperando que entraran otras cosas. Cae una requisa de rutina y encuentran las balas. Se ponen nerviosos, y empiezan a dar vuelta la unidad buscando el arma. No encuentran la pistola, pero en mi celda encuentran la sevillana. Éramos cinco en la celda, y eran interrogatorios con mucha presión física, mucho maltrato. Cuando me toca a mí, de movida me hice cargo de la sevillana, dije que era mía. Me preguntaron para qué la tenía. Dije que para uso religioso. «La uso los viernes, para matar gatos, hago sacrificios de sangre a mi religión.»
    Mcompartió una citahace 9 meses
    “Che, te llaman de abajo”, voy y era otro preso, uno que había dejado un papelito en mi celda y había salido en libertad, y me venía a agradecer, como que un poco gracias al papelito en mi altar había salido. A las dos horas, el altar tenía papelitos hasta de los guardias.
    Mcompartió una citahace 9 meses
    –Sí. No tengo ninguna sensación del momento de la muerte, pero recuerdo la satisfacción del después, de irme a comer una suprema a la napolitana con papas fritas y mousse de chocolate de postre, y me acuerdo que estaba riquísimo.
    Mcompartió una citahace 9 meses
    Caminaba mucho y comía muy poco. A veces pan, nomás..., o iba a una confitería y me compraba una especie de torta que le decían alfajor. Era una torta barata. No sé..., cincuenta, sesenta mangos de hoy. Comía sentado en alguna plaza.

    –Lo de comer milanesas de pollo con papas fritas, entonces, lo hacías después de matar...
    Mcompartió una citahace 9 meses
    –No, y te digo una cosa más. Yo iba a comer al Dos Hermanos, o al Carlos Gardel, que estaba enfrente. El bar Dos Hermanos era en esa época un bar parada de taxistas, o sea que yo comía y estaban todos los taxistas con los autos afuera y los tipos adentro del bar comiendo, boludeando, tomando algo. Para el tercero o segundo muerto de Mataderos, ya se estaban organizando con sogas para encontrarme y colgarme.
    Mcompartió una citahace 9 meses
    »Como significativo de ese hecho, recuerdo que fue la situación de que me fui a comer y se me pegaban los cubiertos con la sangre de la persona.

    –¿Cómo es eso?

    –Estoy comiendo en el Dos Hermanos, que resultó quedar a una cuadra y media de donde dejé el auto. Me siento a comer y veo que se me pegan los cubiertos a la mano. Lo primero que se me ocurre pensar es: «La mierda, estoy magnetizado, qué me pasó.» Me fijo bien, y no: tenía sangre en la mano. Era la sangre lo que me hacía pegar el cubierto. A la mierda. Me miro el pantalón. Manchado de sangre. La campera: con manchas de sangre. No algo exagerado, pero manchas muy evidentes.
    Mcompartió una citahace 9 meses
    Keanu Reeves, esa que viene la esfera y destruye todo: “Solo en el abismo el hombre evoluciona.”
    Mcompartió una citahace 9 meses
    Yo tengo una historia. Esa historia tiene muchos vacíos, que fueron llenados por forenses, psiquiatras, médicos. Yo acepté ese relleno de los demás. Y esas cosas llegaron a hacerse carne de realidad. Reconstruyo mis hechos a través de la palabra de otros, reconstruyo el tiempo a través de la cronología de los otros, porque si vos me preguntás a mí, no tenía conciencia del tiempo en ese momento. La historia la armé juntando lo que me acuerdo con lo que me cuentan.
    Mcompartió una citahace 9 meses
    –Una psiquiatra decía que no es que yo no tenía sentimientos. Que sentimientos había, pero que había sido tan degradada la enseñanza hacia mí como persona que yo no podía considerar que algo de eso me incluyera. Por eso, quizás, el mundo alterno. En ese otro mundo tenía todo lo que quería y acá no tenía nada. Acá no había un deseo, no había un futuro, nada.
    Mcompartió una citahace 9 meses
    Lo que pasa es que ante mi madre, más allá del temor físico, estaba el temor religioso. Yo buscaba conocimiento en el espiritismo para ganarle a mi vieja, y los mismos espiritistas amigos de mi vieja me decían: «Estás en pedo, no le vas a ganar nunca ahí», y hubo algunos que tuvieron la visión de decirme: «Mirá, nosotros te llevamos por este camino que te va a hacer bien», y me llevaron a Brasil y entré en la santería. Pero no lo hice por fe, lo hice como una herramienta para enfrentarme a mi vieja. Yo necesitaba fuerza, poder para enfrentarla.
    Mcompartió una citahace 9 meses
    Después no se podía bajar, trepaba las paredes y se quedaba maullando ahí arriba, había que buscar una escalera para bajarlo, un quilombo bárbaro. Entonces mi madre le puso un collar, una correa, y al final de la correa le ató un rulemán así de grande [hace con las manos un círculo de 20 centímetros de diámetro], para que no saltara. El gato entonces vivía arrastrando eso, que era pesadísimo. Sabías que andaba el gato por ahí porque se escuchaba el ruido del rulemán arrastrándose, o que se quedaba trabado en las patas de los muebles.
    Mcompartió una citahace 9 meses
    »Después, un gato, pobrecito..., fui bastante malo con ese gato.

    »Mi vieja en un momento, por todos los quilombos en el colegio, me manda a vivir con un medio novio que ella tenía, que era portero del Hotel Rawson, el hotel que te digo que fui a ver de tirarme de la terraza, eso fue cuando vivía ahí.
    Mcompartió una citahace 9 meses
    –Como defensa. Hoy, después de tanto tiempo, te digo que no tiene lógica usar un cuchillo para defenderte de una presencia, ¿qué le vas a hacer con un cuchillo, o una sábana? O después, cuando tuve la pistola..., al dormir con el arma cargada y martillada debajo de la almohada, era más probable que terminara con un tiro en la cabeza que otra cosa. Pero, bueno, eran cosas que me hacían sentir más seguro.
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