«¿Qué es esto que estoy oyendo?», dijo Sayuri en su mente, y la voz, sorprendida, desde su vaguada de jipíos, le preguntó: «¿Me puedes oír?». «Clarito, como la luz del día», le dijo ella, y añadió «¿Por qué lloras?», y Asmodeo, enjugando lágrimas en el consuelo de una interlocutora, intentó explicarle los detalles de su desgracia.