En nuestro juicio, por ejemplo, el presidente preguntó al psiquiatra forense: «un hombre en general, cuando le dominan las necesidades sexuales –no hablamos de deseo–, ¿esa necesidad sexual no le priva aún más de la capacidad que tiene normalmente para evaluar lo que está prohibido?». El psiquiatra respondió diciendo que cada uno de nosotros tiene «reflejos arcaicos» que no pasan por la corteza cerebral y que son del tipo «quiero, necesito, tomo». Y precisó que, si bien estos reflejos existen en todos los seres humanos, «en los hombres entra en juego el estado hormonal, en particular los niveles de testosterona. Pero hay hombres que piensan, que reflexionan».