Mientras la novela da lugar a una concepción de memoria unificada y unificadora,30 que atendiendo a la reconstrucción de una continuidad de sentido, “lucha contra el poder del tiempo” (Benjamin, 2008, p. 82), instaurando una concepción de memoria “eternizadora” (Benjamin, 2008, p. 81); la narración, por el contrario, impregnada por las múltiples caras de una memoria “efímera”,31 habita en los intersticios, en los silencios, en las interrupciones propias del relato oral. Mientras la primera, por tanto, “está consagrada a un héroe, a una odisea, a un combate; la segunda, a los muchos eventos dispersos” (Benjamin, 2008, p. 81).