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Massimo Recalcati

Las manos de la madre. Deseo, fantasmas y herencia de lo materno

  • Alfonso Velascocompartió una citahace 2 meses
    Habría que localizar en su ofrenda del aliento la posibilidad de que la vida tenga un principio y de que pueda volver a empezar una y otra vez.
  • Alfonso Velascocompartió una citahace 2 meses
    La de una madre y una hija es una historia que nunca se acaba»,
  • Alfonso Velascocompartió una citahace 2 meses
    Cuanta más frustración hay en la demanda de amor, más inaccesible resulta el luto de la separación: una estéril reivindicación recriminatoria crucifica al sujeto en una queja infinita.
  • Alfonso Velascocompartió una citahace 2 meses
    Para que exista herencia –para que una transmisión del saber resulte posible–, el Otro no debe situarse como aquel que lo posee en su totalidad, sino como aquel que es consciente de la imposibilidad de ser dueño de la clave.
  • Alfonso Velascocompartió una citahace 3 meses
    deseo por la madre no podría ser satisfecho pues supondría el fin, el término, la abolición de todo el mundo de la demanda, que es el que estructura más profundamente el inconsciente del hombre.
  • Alfonso Velascocompartió una citahace 3 meses
    La adicción a las drogas transforma la esclavitud de la madre en esclavitud de las sustancias, pero deja sin resolver el problema de fondo: la ausencia de acceso al deseo por parte del sujeto.
  • Bianca Beltráncompartió una citael año pasado
    madre no es el nombre de quien genera, sino, por encima de la naturaleza, por encima del sexo y de la raza, es el nombre de ese Otro que ofrece sus manos a la vida que viene al mundo, que responde a su invocación, que la sustenta con su propio deseo.
  • Bianca Beltráncompartió una citael año pasado
    Por esa misma razón, las mujeres pueden mirar siempre con gran interés a otras mujeres buscando en los rasgos de la Otra a la mujer, a la verdadera mujer, a la mujer que ni su madre ni ellas mismas han sido capaces de ser.

    Sin embargo, es del todo evidente que se trata de un engaño atroz: ningún hombre sabe, como es obvio, lo que es una mujer. He aquí, pues, que se consuma el terrible malentendido: ella se entrega a las manos del hombre para ser una mujer, pero se ve reducida a mero cuerpo-cosa, cuerpo-instrumento, cuerpo reducido a objeto de goce. Es una lección perturbadora que encuentra amplia confirmación en la experiencia clínica: las mujeres se doblegan al fantasma masculino con la ilusión de que coincidir plenamente con este les permita esquivar la dificultad de subjetivar el misterio del deseo femenino.
  • Bianca Beltráncompartió una citael año pasado
    herencia se convierte aquí en una cadena que vincula a las hijas a doblegarse al fantasma masculino en virtud de su obediencia inconsciente al fantasma materno. La vida frustrada de las madres cae como una sombra tupida sobre las de sus hijas. La herencia no es más que herencia de muerte y no de vida: convertirse en una mujer al servicio del hombre parece ser la única forma de vida posible. Solo el acto extremo del suicidio de la joven protagonista de la novela hace posible interrumpir esa repetición inexorable.
  • Bianca Beltráncompartió una citael año pasado
    ni siquiera la propia madre sabe lo que significa ser una mujer. La solución del enigma de la feminidad carece de modelos, es singular, antiuniversal, particularísima.

    Violencia y resignación

    Esto puede conllevar también el riesgo de que una mujer caiga en una dependencia de un hombre que le dé la impresión de poseer, de forma ilusoria, la verdad sobre ese enigma. Si su propio ser le rehúye, si carece de un uniforme identificador estable, el hombre puede ofrecer a la mujer una forma estable con la que identificarse. Esta es la atractiva posición que puede ejercer el fantasma masculino: convertirse en objeto de un hombre es una manera de rechazar inconscientemente su feminidad, de liberarse de la dificultad de dar una forma realmente singular al deseo femenino. Este es el caldo de cultivo de la violencia masculina: ofrecer a la mujer la ilusión de una referencia identificadora estable, segura, cierta, aun cuando ello pase a través del uso más brutal de la violencia y de la humillación. ¿No es precisamente esta dificultad la que entrega en ocasiones a una mujer a los brazos de quien en realidad la agravia? La mujer que rechaza inconscientemente su propia feminidad puede llegar a creer que solo se puede ser mujer entregándose pasivamente a un hombre, siguiendo acaso el ejemplo sacrificial de la propia madre.
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