Más allá del horizonte, no sabemos nada. El espacio no tiene por qué ser como el nuestro. Periódicamente ponemos al día y revisamos la revolución copernicana, a medida que conocemos mejor el universo y nos volvemos conscientes de que no en todas partes las cosas han de ser, necesariamente, como vemos que son aquí. Aunque las leyes de la física sean las mismas en todas partes, eso no significa que el escenario en el que se desenvuelven sea el mismo. Podría ser que las branas próximas indujeran en nuestro entorno una ley de fuerza gravitatoria diferente de la que se ve en los demás sitios.
¿Cómo podemos afirmar que conocemos la dimensión del universo que está fuera de nuestro alcance? No habría ninguna contradicción si el universo que hay más allá exhibiera más dimensiones, quizá cinco, quizá diez, quizá más. Pensando en la mera esencia, más que suponiendo que todo, incluso en las regiones inaccesibles, está hecho de espacio-tiempo parecido al nuestro, podemos deducir lo que es realmente fundamental y lo que, en definitiva, es concebible y legítimo.