añadí: «Sí A. B. es el hombre, no podrás perderlo; sí no lo es, encontrarás a su equivalente». Ella se encontraba con A. B. constantemente, pero él no se le declaraba. Una noche, la joven vino a verme y me dijo:«¿Sabe que después de una semana A. B. no me parece más extraordinario?». Yo le contesté: «Quizá él no sea su hombre en el Plan Divino, y puede ser que haya otro».