Anne Hebert

Los alcatraces

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  • Karen Villedacompartió una citael año pasado
    que no paro de volver a la tierra original y de ser uno de ellos, entre ellos, mis hermanos salvajes y dur
  • Karen Villedacompartió una citael año pasado
    No hay un gesto de hombre o de mujer, en este país, que no vaya acompañado por el viento.
  • Karen Villedacompartió una citael año pasado
    vacío. La nada. El hijo que no he tenido; cómo imaginar su rostro, el ancho de sus hombros, la fuerza de sus manos, su alma torturada por lo extraño del mundo.
  • Karen Villedacompartió una citael año pasado
    vacío. La nada. El hijo que no he t
  • Karen Villedacompartió una citael año pasado
    l vacío. La nada. El hijo que no he tenido; cómo imaginar su rostro, el ancho de sus hombros, la fuerza de sus manos, su alma torturada por lo extraño del mundo.
  • Karen Villedacompartió una citael año pasado
    , que no tengo descendencia, m
  • Karen Villedacompartió una citael año pasado
    Engendro a mi padre a mi imagen y semejanza, quien a su vez engendra a mi abuelo a su imagen y semejanza, y así sucesivamente hasta la primera imagen y primera semejanza;
  • Karen Villedacompartió una citael año pasado
    La barra inmóvil y blanca del mar hasta donde alcanza la vista, sobre el cielo gris, la masa negra de los árboles en línea paralela detrás de nosotros.
  • Ana Saenzcompartió una citahace 2 años
    Un pequeño silencio. Un pequeñísimo silencio para tomar aliento. La paz del mundo a nuestro alrededor un instante todavía. Se me mete de nuevo a empellones en la cabeza el estruendo de la altamar en marcha. Demasiado ruido y furia desde mi infancia, removido y amasado por tantas mareas de equinoccio. Que aquel en quien se ha sembrado el viento recoja tempestades. Ni me dio tiempo de gozar de ella. De su furia. De su terror. Del olor de su terror bajo sus axilas. De su aroma de chica bajo su falda, en el hueco rojizo de su vientre. Mis manos demasiado rápidas. Pobre pequeña Nora, caída tan rápido en la arena a mis pies, una pierna doblada bajo el cuerpo. Ni a mí mismo me dio tiempo de enterarme. Mis manos solas.
  • Ana Saenzcompartió una citahace 2 años
    El alcatraz modera de repente su velocidad, medio cierra las alas, se deja caer de cabeza, como una flecha, en vertical. Solo cierra las alas del todo en el momento de tocar el agua, despidiendo en el aire una nube de espuma. He contemplado tantas veces a este pájaro magnífico… Reencontrarlo intacto y bien dibujado. Basta con una imagen demasiado precisa para que el resto siga, se despierte, vuelva a pegar sus pedazos, se ponga a existir otra vez, todo un país viviente, pescado del fondo de las aguas oscuras.
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