Hace mucho tiempo, en la antigua Grecia, había que esperar a la información que llegaba, a pie o a caballo, explicada por unos «maestros trashumantes, entre retóricos y filósofos», que eran recibidos con pasmo por la gente del pueblo, y al irse se quedaban en la memoria de las personas, como hoy se quedan «los astros de Hollywood», nos cuenta Alfonso Reyes en su ensayo «El mito de Protágoras».