Ocurre algo parecido con la ciencia moderna. Robert Oppenheimer, padre de la bomba atómica, o Ian Wilmut, principal artífice de la oveja Dolly, son hombres famosos, pero, como Víctor Frankenstein, lo son únicamente a través de su creación. La cultura popular tiende a quedar fácilmente hechizada por los avances de la ciencia, pero desconoce casi todo de sus intenciones y procesos.