Citas de “Kafka y la muñeca viajera” de Jordi Sierra I Fabra

Alaide Mo
Alaide Mocompartió una citahace 2 años
Quien tiene miedo no vive, agoniza.
«Los poetas levantan castillos en el aire, los locos los habitan, y alguien, en la vida real, cobra el alquiler».
Pero yo quiero que rías y cantes y pienses siempre que el futuro no es un problema por resolver, sino un misterio por descubrir.
gruesos muros de la conciencia con su desparpajo
Un niño igual mataba con su sinceridad como atravesaba los gruesos
Los ojos eran dos lagos desbordados, y los ríos que fluían de ellos formaban torrentes libres que resbalaban por las mejillas hasta el vacío abierto bajo la barbilla.
stephaniemoonv
stephaniemoonvcompartió una citahace 4 meses
Pueden dar afecto con una facilidad que asusta!» Y en un mundo siempre zozobrante, que se movía al filo del egoísmo, la incertidumbre y la crueldad humana, cualquiera sabía que eso era algo peligroso.
stephaniemoonv
stephaniemoonvcompartió una citahace 4 meses
Tienen miedo. Se quedan con sus niñas, pero no por amor hacia ellas, al contrario: se quedan por ese miedo. Y el miedo es algo malo y perverso que limita la libertad. Quien tiene miedo no vive, agoniza.
stephaniemoonv
stephaniemoonvcompartió una citahace 4 meses
A veces hacemos cosas sin darnos cuenta, o reaccionamos inesperadamente ante lo que nos dice nuestro instinto, y causamos un dolor a los demás que no deseamos.
stephaniemoonv
stephaniemoonvcompartió una citahace 4 meses
Y la esperanza era más necesaria que la realidad.
Ana Loredo
Ana Loredocompartió una citahace 5 meses
de la niña, fuerte, convulso, repentino, hizo que Franz Kafka se detuviera.
adelizfany
adelizfanycompartió una citahace 6 meses
–Espera, espera, ¡qué tonto soy! ¿Cómo se llama tu muñeca?

–Brígida.

–¿Brígida? ¡Por supuesto! –soltó una risa de lo más convincente–. ¡Es ella, sí! No recordaba el nombre, ¡perdona! ¡Qué despistado soy a veces! ¡Con tanto trabajo!

La niña abrió sus ojos.

–Tu muñeca no se ha perdido –dijo Franz Kafka alegremente–. ¡Se ha ido de viaje!
Patricia Torres
Patricia Torrescompartió una citahace 8 meses
Era guapa, como todas las niñas pequeñas. Guapa por ser primavera de la vida.

>:( a las niñas no se les dice guapas

Yo
Yocompartió una citahace 9 meses
el futuro no es un problema por resolver, sino un misterio por descubrir.
Ale Castañeda.
Ale Castañeda.compartió una citahace 10 meses
. Cuando la vida florece todo son ventanas y puertas abiertas. En sus ojos más bien había dolor, pena, tristeza, una soterrada emoción que la llevaba a tener la sensibilidad a flor de piel.
Ale Castañeda.
Ale Castañeda.compartió una citahace 10 meses
desconsolada, tan angustiada que parecía reunir en su rostro todos los pesares y las congojas del mundo
parque Steglitz, dejando volar tu imaginación para acompañarme en mis peripecias a la búsqueda de mis sueños. Y es que los sueños son la base de la vida. Sin sueños no somos más que cuerpos perdidos que vagan por lo cotidiano. No olvides nunca que soy libre porque tú fuiste libre y me comunicaste esa felicidad. Algún día, cuando deje de escribirte...»
–¿Por qué va a dejar de escribirme? –se envaró Elsi.
–No sé, déjame que siga.
–Está triste –musitó con el rostro atravesado por un rictus de seriedad.
–Yo no lo creo así.
–Pues lo está –insistió la niña.
–¿En qué lo notas?
–Habla de cosas diferentes.
Era una buena carta. De las más bonitas que había escrito. Y seguía el plan diseñado para poner punto final a la correspondencia de Brígida.
Sin embargo... Bueno, tal vez sí.
Rezumaba el prematuro aroma del adiós.
Y ella lo había captado.
–Una persona no siempre tiene ganas de reír, o de cantar. A veces se detiene y, simplemente, se siente en paz. ¿No te ha dicho al comenzar que está en mitad de la sabana africana, rodeada por esa inmensa tierra salvaje y maravillosa? Es como si la oyeras suspirar, ¿no te parece? Yo creo que es una carta muy hermosa.
–Lo es, pero suena distinta.
–Creo que Brígida está creciendo –repuso con tacto–. Y tú también, si eres capaz de darte cuenta de esa diferencia.
–¿Y qué ocurre cuando las niñas y las muñecas crecen?
«Se olvidan de que un día fueron niñas y muñecas», pensó.
Pero no se lo dijo.
parque Steglitz, dejando volar tu imaginación para acompañarme en mis peripecias a la búsqueda de mis sueños. Y es que los sueños son la base de la vida. Sin sueños no somos más que cuerpos perdidos que vagan por lo cotidiano. No olvides nunca que soy libre porque tú fuiste libre y me comunicaste esa felicidad. Algún día, cuando deje de escribirte...»
–¿Por qué va a dejar de escribirme? –se envaró Elsi.
–No sé, déjame que siga.
–Está triste –musitó con el rostro atravesado por un rictus de seriedad.
–Yo no lo creo así.
–Pues lo está –insistió la niña.
–¿En qué lo notas?
–Habla de cosas diferentes.
Era una buena carta. De las más bonitas que había escrito. Y seguía el plan diseñado para poner punto final a la correspondencia de Brígida.
Sin embargo... Bueno, tal vez sí.
Rezumaba el prematuro aroma del adiós.
Y ella lo había captado.
–Una persona no siempre tiene ganas de reír, o de cantar. A veces se detiene y, simplemente, se siente en paz. ¿No te ha dicho al comenzar que está en mitad de la sabana africana, rodeada por esa inmensa tierra salvaje y maravillosa? Es como si la oyeras suspirar, ¿no te parece? Yo creo que es una carta muy hermosa.
–Lo es, pero suena distinta.
–Creo que Brígida está creciendo –repuso con tacto–. Y tú también, si eres capaz de darte cuenta de esa diferencia.
–¿Y qué ocurre cuando las niñas y las muñecas crecen?
«Se olvidan de que un día fueron niñas y muñecas», pensó.
Pero no se lo dijo
parque Steglitz, dejando volar tu imaginación para acompañarme en mis peripecias a la búsqueda de mis sueños. Y es que los sueños son la base de la vida. Sin sueños no somos más que cuerpos perdidos que vagan por lo cotidiano. No olvides nunca que soy libre porque tú fuiste libre y me comunicaste esa felicidad. Algún día, cuando deje de escribirte...»
–¿Por qué va a dejar de escribirme? –se envaró Elsi.
–No sé, déjame que siga.
–Está triste –musitó con el rostro atravesado por un rictus de seriedad.
–Yo no lo creo así.
–Pues lo está –insistió la niña.
–¿En qué lo notas?
–Habla de cosas diferentes.
Era una buena carta. De las más bonitas que había escrito. Y seguía el plan diseñado para poner punto final a la correspondencia de Brígida.
Sin embargo... Bueno, tal vez sí.
Rezumaba el prematuro aroma del adiós.
Y ella lo había captado.
–Una persona no siempre tiene ganas de reír, o de cantar. A veces se detiene y, simplemente, se siente en paz. ¿No te ha dicho al comenzar que está en mitad de la sabana africana, rodeada por esa inmensa tierra salvaje y maravillosa? Es como si la oyeras suspirar, ¿no te parece? Yo creo que es una carta muy hermosa.
–Lo es, pero suena distinta.
–Creo que Brígida está creciendo –repuso con tacto–. Y tú también, si eres capaz de darte cuenta de esa diferencia.
–¿Y qué ocurre cuando las niñas y las muñecas crecen?
«Se olvidan de que un día fueron niñas y muñecas», pensó.
Pero no se lo dijo.
–Lo hermoso de crecer es que cada día suceden cosas nuevas, y la vida es un regalo
–¿Y qué ocurre cuando las niñas y las muñecas crecen?
«Se olvidan de que un día fueron niñas y muñecas», pensó.
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