Señalé que, según lo que él decía, uno se transformaba realmente en cuervo, o grillo, o cualquier otra cosa. Pero él insistió en que yo entendía mal.
—Se necesita mucho tiempo para aprender a ser un
cuervo cabal —dijo—. Pero tú no cambiaste, ni dejaste de ser hombre. Es otra cosa lo que pasa.
—¿Puede usted decirme qué es la otra cosa, don Juan?
—A lo mejor a estas alturas ya tú mismo lo sabes. Quizá si no tuvieras tanto miedo de volverte loco, o de perder tu cuerpo, entenderías este secreto maravilloso