Louise Glück

Ararat

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Louise Glück (Nueva York, 1943), Premio Nobel de Literatura 2020, inaugura con «Ararat» (1990), el quinto libro de su trayectoria, su particular estilo poético que luego mantendrá a lo largo de toda su carrera: ya no se trata de recopilaciones de poemas más o menos cohesionados, sino de libros construidos casi como un único poema en partes, en torno a un solo tema, donde los símbolos funcionan por acumulación y cada texto aporta un contexto a los demás, multiplicando las interpretaciones y los puntos de vista sobre la experiencia del sujeto lírico. «Ararat» toma su título del cementerio judío homónimo de Nueva York. Los poemas abordan el luto posterior a la muerte de un padre mitificado, enterrado allí, donde además descansa una de sus hermanas, fallecida prematuramente y que será también una presencia constante en el libro. La poeta explora el mundo de las mujeres sobrevivientes de la familia —la madre, la hija, la hermana— en un tono lacónico y reticente que abandona definitivamente la pirotecnia verbal de sus primeros poemarios y conecta con el silencio y el distanciamiento emocional que ella misma relaciona con su padre fallecido, un tono contenido que un crítico equiparó con «la clase de lenguaje que uno usa antes de ponerse a gritar».
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26 páginas impresas
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Opiniones

  • Bonzo Poecompartió su opiniónhace 4 años
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Citas

  • Rafael Ramoscompartió una citahace 8 meses
    PRIMER RECUERDO

    HACE mucho tiempo, fui herida. Viví
    para vengarme
    de mi padre, no
    por lo que él fue
    sino por lo que fue de mí: desde el principio,
    desde niña, creí
    que el dolor quería decir
    que no me amaban.
    Que amaba, quería decir.
  • Rafael Ramoscompartió una citahace 8 meses
    Mi amiga dice que cierro los ojos a dios, que nada sino eso explica
    mi aversión a la realidad. Dice que soy como el niño que sepulta su cabeza en la almohada
    para no ver, el niño que se dice:
    la luz causa tristeza.
    Mi amiga viene a ser la madre. Paciente, me incita
    a despertar, a ser adulta como ella, a tener coraje.
    En sueños, mi amiga me amonesta. Caminamos
    por la calle de siempre, sólo que es invierno;
    me dice que cuando se ama el mundo se escucha música celeste:
    mira hacia arriba, dice. Pero cuando miro, nada.
    Sólo nubes, nieve, un blanco acontecer entre los árboles
    como novias brincando en las alturas.
  • Rafael Ramoscompartió una citahace 8 meses
    LAMENTO

    DE pronto, tras tu muerte, aquellos amigos
    que no se pusieron nunca de acuerdo en nada
    se ponen de acuerdo acerca de tu carácter.
    Son como una casa llena de cantantes
    ensayando la misma partitura:
    que fuiste justo, fuiste bondadoso, que viviste una vida afortunada.
    No hay armonía, no hay contrapunto. Pero tampoco
    intérpretes:
    las lágrimas vertidas son verdaderas.
    Por suerte estás ya muerto; si no
    sentirías repugnancia.
    Pero una vez que ha pasado todo,
    cuando los invitados comienzan a salir en fila, enjugándose los ojos
    porque, después de un día así,
    encerrado en la pura ortodoxia,
    el sol brilla de un modo asombroso
    aunque sea el final de la tarde, en septiembre;
    cuando el éxodo comienza,
    es cuando podrías sentir
    punzadas de envidia.
    Tus amigos, los vivos, se abrazan,
    murmuran un poco en la acera
    mientras el sol se apaga y la brisa vespertina
    arruga los chales de las mujeres.
    Y esto es, esto, el significado
    de una «una vida afortunada»:
    existir en el presente.

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