Antes de llegar hasta aquí, ha entrenado como un loco. Ha ganado músculo. Está más fuerte que nunca y sé que esta temporada está preparado para recuperar lo que es suyo.
Hay unas mil personas en el recinto de lucha de Washington D.C. y la multitud ruge inquieta cuando anuncian el ganador del combate.
Sabemos que ha llegado el momento: van a llamarlo. Pete, su ayudante, está sentado a mi derecha, en tensión y alerta. Me ha dicho que es la «gran atracción», que casi todo el público está aquí por él.
Yo, desde luego, sí que estoy aquí por él.