Sueños, Francisco de Quevedo y Villegas
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Francisco de Quevedo y Villegas

Sueños

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Alejandra Arévalo
Alejandra Arévalocompartió una citael año pasado
Los sueños dice Homero que son de Júpiter y que él los envía, y en otro lugar que se han de creer.
Samir Coley Galbán
Samir Coley Galbáncompartió una citael mes pasado
Leí con admiración las cinco profecías de Pero Grullo, y estaba meditando en ellas cuando por detrás me llamaron. Volvime, y era un muerto muy lacio y afligido, muy blanco y vestido de blanco, y dijo:

—Duélete de mí, y si eres buen cristiano, sácame de poder de los cuentos de los habladores y de los ignorantes que no me dejan descansar, y méteme donde quisieres.

Hincose de rodillas, y despedazándose a bofetadas, lloraba como niño.

—¿Quién eres —dije— que a tanta desventura estás condenado?

—Yo soy —dijo— un hombre muy viejo a quien levantan mil testimonios y achacan mil mentiras; yo soy el Otro, y me conocerás, pues no hay cosa que no lo diga «el Otro», y luego, en no sabiendo cómo dar razón de sí, dicen: «Como dijo el Otro». Yo no he dicho nada, ni despego la boca. En latín me llaman quidam, y por esos libros me hallarás abultando renglones y llenando cláusulas. Y quiero, por amor de Dios, que vayas al otro mundo y digas cómo has visto al Otro, en blanco, y que no tiene nada escrito, y que no dice nada, ni lo ha de decir ni lo ha dicho, y que desmiente desde aquí a cuantos me citan y achacan lo que no saben, pues soy el autor de los idiotas y el texto de los ignorantes. Y has de advertir que en los chismes me llaman «cierta persona», y en los enredos «no sé quién», y en las cátredas «cierto autor», y todo lo soy el desdichado Otro. Haz esto y sácame de tanta desventura y miseria.
Samir Coley Galbán
Samir Coley Galbáncompartió una citael mes pasado
diciendo a una doncella ahora la madre: «Hija, las mujeres bajar los ojos y mirar a la tierra y no a los hombres», responden: «Eso fue en tiempo del Rey Perico; los hombres han de mirar a la tierra, pues fueron hechos della, y las mujeres al hombre, pues fueron hechas dél»
Samir Coley Galbán
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—¿Dionos Dios una vida sola y tantas muertes?; ¿de una manera se nace y de tantas se muere? Si yo vuelvo al mundo, yo procuraré empezar a vivir.
Samir Coley Galbán
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¿Gasté yo la vida en pretender con qué vivir, y cuando tuve con qué no tuve vida que vivir?
Samir Coley Galbán
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Holguéme de verla porque siempre había sospechado que los ingratos eran diablos, y caí entonces en que los ángeles, para ser diablos, fueron primero ingratos.
Samir Coley Galbán
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—¿Quién es —dije yo— aquel que está allí apartado haciéndose pedazos con estos tres, con tantas caras y figuras?

—Ese es —dijo la Muerte— el Dinero, que tiene puesto pleito a los tres enemigos del alma, diciendo que quiere ahorrar de émulos, y que a donde él está no son menester, porque él solo es todos los tres enemigos.
Samir Coley Galbán
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Estaban a la entrada tres bultos armados a un lado y otro monstruo terrible enfrente, siempre combatiendo entre sí todos y los tres con el uno y el uno con los tres. Paróse la Muerte y díjome:

—¿Conoces esta gente?

—Ni Dios me la deje conocer —dije yo.

—Pues con ellos andas a las vueltas —dijo ella— desde que naciste; mira cómo vives —replicó—: estos son los tres enemigos del alma: el Mundo es aquel, este es el Diablo y aquella la Carne.
Samir Coley Galbán
Samir Coley Galbáncompartió una citael mes pasado
—Yo no veo señas de la muerte, porque a ella nos la pintan unos huesos descarnados con su guadaña.

Paróse y respondió:

—Eso no es la muerte, sino los muertos o lo que queda de los vivos. Esos huesos son el dibujo sobre que se labra el cuerpo del hombre; la muerte no la conocéis, y sois vosotros mismos vuestra muerte, tiene la cara de cada uno de vosotros y todos sois muertes de vosotros mismos; la calavera es el muerto y la cara es la muerte y lo que llamáis morir es acabar de morir y lo que llamáis nacer es empezar a morir y lo que llamáis vivir es morir viviendo, y los huesos es lo que de vosotros deja la muerte y lo que le sobra a la sepultura.
Samir Coley Galbán
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«¿Qué esperanza es la del hipócrita?», dice Job. Ninguna, pues ni la tiene por lo que es, pues es malo, ni por lo que parece, pues lo parece y no lo es.
Samir Coley Galbán
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Guerra es la vida del hombre

mientras vive en este suelo,

y sus horas y sus días

como las del jornalero.
Samir Coley Galbán
Samir Coley Galbáncompartió una citael mes pasado
En el mundo hay algunos que no saben nada y estudian para saber, y estos tienen buenos deseos y vano ejercicio, porque al cabo solo les sirve el estudio de conocer cómo toda la verdad la quedan ignorando. Otros hay que no saben nada y no estudian porque piensan que lo saben todo; son destos muchos irremediables; a estos se les ha de invidiar el ocio y la satisfactión y llorarles el seso. Otros hay que no saben nada y dicen que no saben nada porque piensan que saben algo de verdad, pues lo es que no saben nada, y a estos se les había de castigar la hipocresía con creerles la confesión.

Otros hay, y en estos, que son los peores, entro yo, que no saben nada, ni quieren saber nada, ni creen que se sepa nada y dicen de todos que no saben nada y todos dicen dellos lo mismo y nadie miente. Y como gente que en cosas de letras y sciencias no tiene que perder tampoco, se atreven a imprimir y sacar a luz todo cuanto sueñan. Estos dan qué hacer a las emprentas, sustentan a los libreros, gastan a los curiosos, y al cabo sirven a las especierías
Samir Coley Galbán
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Dices también que Cristo pagó por todos, y que no hay sino vivir como quisiéramos, porque el que me hizo a mí sin mí me salvará a mí sin mí: bien me hizo a mí sin mí, pero hecho, siente que yo destruya su obra y manche su pintura y borre su imagen. Y si, como confiesas, sintió en el primer hombre tanto un pecado que, por satisfacerle, mostrando su amor, murió, ¿cómo te dejas decir que murió para darnos libertad de pecar quien siente tanto que pequemos?
Samir Coley Galbán
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Junto a estos estaban unos pocos dando voces y quejándose de su desdicha.

—¿Qué gente es esta? —pregunté. Y respondióme uno dellos:

—Los sin ventura, muertos de repente.

—Mentís —dijo un diablo—, que ningún hombre muere de repente, y de descuidado y divertido sí. ¿Cómo puede morir de repente quien dende que nace vee que va corriendo por la vida y lleva consigo la muerte? ¿Qué otra cosa veis en el mundo sino entierros, muertos y sepulturas? ¿Qué otra cosa oís en los púlpitos y leéis en los libros? ¿A qué volvéis los ojos que no os acuerde de la muerte? Vuestro vestido que se gasta, la casa que se cae, el muro que se envejece, y hasta el sueño cada día os acuerda de la muerte retratándola en sí. ¿Pues cómo puede haber hombre que se muera de repente en el mundo, si siempre lo andan avisando tantas cosas? No os habéis de llamar, no, gente que murió de repente, sino gente que murió incrédula de que podía morir así, sabiendo con cuán secretos pies entra la muerte en la mayor mocedad, y que en una misma hora en dar bien y mal suele ser madre y madrastra.
Samir Coley Galbán
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Huí medroso de tan mala gente y tan ciega y di en unos corrales con otra peor. Pero admiróme más el título con que estaban aquí, porque preguntándoselo a un demonio, me dijo:

—Estos son los de «Dios es piadoso, Dios sea conmigo».

Dije al punto:

—¿Pues cómo puede ser que la misericordia condene, siendo eso de la justicia? Vos habláis como diablo.

—Y vos —dijo el diablo— como ignorante; ¿pues no sabéis que la mitad de los que están aquí se condenan por la misericordia de Dios? Y si no, mirad cuántos son los que, cuando hacen algo mal hecho y se lo reprehenden, pasan adelante y dicen: «Dios es piadoso y no mira en niñerías; para eso es la misericordia de Dios tanta». Y con esto, mientras ellos haciendo mal esperan en Dios, nosotros los esperamos acá.

—¿Luego no se h
Samir Coley Galbán
Samir Coley Galbáncompartió una citael mes pasado
Tres cosas son las que hacen ridículos a los hombres: la primera la nobleza, la sigunda la honra y la tercera la valentía; pues es cierto que os contentáis con que hayan tenido vuestros padres virtud y nobleza para decir que la tenéis vosotros, siendo inútil parto del mundo.
Samir Coley Galbán
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Pues el que pelea en la tierra por defendella, pelea de miedo de mayor mal, que es ser cautivo y verse muerto, y el que sale a conquistar los que están en sus casas, a veces lo hace de miedo de que el otro no le acometa, y los que no llevan este intento van vencidos de la cudicia (¡ved qué valientes!)
Samir Coley Galbán
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Pregunté la causa, y respondióme un diablo que eran aduladores, y que por esto eran bufones de entre cuero y carne. Y repliqué yo cómo se condenaban, y me respondieron que, como se condenan otros por no tener gracia, ellos se condenan por tenerla, o quererla tener.
Samir Coley Galbán
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Y si quieres acabar de saber cómo estos son los que sirven allá a la locura de los hombres, juntamente con los plateros y buhoneros, has de advertir que si Dios hiciera que el mundo amaneciera cuerdo un día, todos estos quedaran pobres, pues entonces se conociera que en el diamante, perlas, oro y sedas diferentes pagamos más lo inútil y demasiado y raro que lo necesario y honesto.
Samir Coley Galbán
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—En todo eso estoy bien —le dije—; solo querría saber si hay en el infierno muchos pobres.

—¿Qué es pobres? —replicó.

—El hombre —dije yo— que no tiene nada de cuanto tiene el mundo.

—¡Hablara yo para mañana! —dijo el diablo—. Si lo que condena a los hombres es lo que tienen del mundo, y esos no tienen nada, ¿cómo se condenan? Por acá los libros nos tienen en blanco. Y no os espantéis, porque aun diablos les faltan a los pobres; y a veces más diablos sois unos para otros que nosotros mismos. ¿Hay diablo como un adulador, como un envidioso, como un amigo falso y como una mala compañía? Pues todos estos le faltan al pobre, que no le adulan, ni le envidian, ni tiene amigo malo ni bueno, ni le acompaña nadie. Estos son los que verdaderamente viven bien y mueren mejor.
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