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Vicente Blasco Ibáñez

Los cuatro jinetes del apocalipsis

  • Nicole Alcantara Moralescompartió una citahace 9 años
    Pero en la tierra, los más nobles propósitos rara vez son oídos,
  • Sebas CMcompartió una citahace 3 años
    El padre quedó mirando con extrañeza la rústica tumba. Su hijo estaba allí, ¡allí para siempre!… ¡Y no lo vería más! Lo adivinó dormido en las entrañas del suelo, sin ninguna envoltura, en contacto directo con la tierra, tal como le había sorprendido la muerte, con su uniforme miserable y heroico. La consideración de que las raíces de las plantas tocaban tal vez con sus cabelleras el mismo rostro que él había besado amorosamente, de que la lluvia serpenteaba en húmedas filtraciones a lo largo de su cuerpo, fue lo primero que le sublevó, como si fuese un ultraje. Hizo memoria de los exquisitos cuidados a que se había sometido en vida: el largo baño, el masaje, la vigorización del juego de las armas y del boxeo, la ducha helada, los elegantes y discretos perfumes… ¡Todo para venir a pudrirse en un campo de trigo, como un montón de estiércol, como una bestia de labor que muere reventada y la entierran en el mismo lugar de su caída!

    Quiso llevarse de allí a su hijo inmediatamente y se desesperó porque no podía hacerlo. Lo trasladaría tan pronto como se lo permitiesen, erigiéndole un mausoleo igual a los de los reyes… ¿Y qué iba a conseguir con esto? Cambiaría de sitio un montón de huesos; pero su carne, su envoltura, todo lo que formaba el encanto de su persona, quedaría allí confundido con la tierra.. El hijo del rico Desnoyers se había agregado para siempre a un pobre campo de la Champaña. ¡Ah miseria! ¿Y para llegar a esto había trabajado tanto él, amontonando millones?…
  • Luisa Maldonadocompartió una citahace 4 años
    Esta novela la escribí en París cuando los alemanes estaban a unas docenas de kilómetros de la capital, y bastaba tomar un automóvil de alquiler en la plaza de la Ópera para hallarse en menos de una hora a pocos metros de sus trincheras, oyendo sus conversaciones a través del suelo siempre que cesaba el traquetear de fusiles y ametralladoras, restableciéndose el silencio sobre los desolados campos de muerte.
  • Nicole Alcantara Moralescompartió una citahace 9 años
    Además, ¿no iban á casarse tan pronto como les fuese posible?...
  • Salvador Ramírez Diazcompartió una citahace 3 meses
    Pero en la Tierra los más nobles propósitos rara vez son oídos, pues el Destino se divierte en torcerlos y desviarlos.
  • Salvador Ramírez Diazcompartió una citahace 3 meses
    Debemos vivir nuestra existencia, sin fijarnos en si molestamos a los demás. Hay que ser egoístas para ser felices.
  • Salvador Ramírez Diazcompartió una citahace 3 meses
    Todo cuanto han podido inventar las artes de embellecimiento femenil se reunía en su persona, sometida a los más exquisitos cuidados.
  • Salvador Ramírez Diazcompartió una citahace 3 meses
    Sólo en México blancos y mestizos se exterminaban revolucionariamente, para que nadie pudiese creer que el hombre es un animal degenerado por la paz.
  • claire charpentiercompartió una citahace 3 meses
    -¿Y tu marido?…

    -No hablemos de él, ¿quieres? El pobre me da lástima. Tan bueno… , tan correcto… El abogado asegura que pasa por todo y no quiere oponer obstáculos. Me dicen que no viene a París, que vive en su fábrica. Nuestra antigua casa está cerrada. Hay veces que siento remordimiento al pensar que he sido mala con él.

    -¿Y yo? -dijo Julio, retirando su mano.

    -Tienes razón -contestó ella, sonriendo-. Tú eres la vida. Resulta cruel, pero es humano. Debemos vivir nuestra existencia, sin fijarnos en si molestamos a los demás. Hay que ser egoístas para ser felices.
  • brayanandresperezramos2compartió una citahace 4 meses
    Luego, el tren especial de los viajeros de América le había conducido a París, dejándolo a las cuatro de la madrugada en un andén de la estación del norte entre los brazos de Pepe Argensola, joven español al que llamaba unas veces mi secretario y otras mi escudero, por no saber con certeza qué funciones desempeñaba cerca de su persona.
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