El amor empieza por la conversación y me gustaba contarle historias de mi saga familiar, donde se mezclaban la ironía, la ternura y el humor y me gustaba escuchar sus proyectos revolucionarios: la toma de las fábricas, la alianza de obreros y estudiantes, la patria para todos o patria para nadie. Lo haríamos todo juntas: los paseos por las playas y arboledas desiertas, la lectura de Carson McCullers, Salinger y Faulkner, compartiríamos los cigarrillos Unión, el estudio de las plantas y la casa donde soñábamos vivir. Por el momento, teníamos familias controladoras y conservadoras, pero la ansiada libertad llegaría para ambas.