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Émile Zola

Germinal

    Melany Gómezcompartió una citael año pasado
    Y te aseguro que estoy arrepentida de haber evitado que el abuelo matase a la hija de los de La Piolaine, porque, después de todo, ellos bien dejan ahora que los míos se mueran de hambre.
    Elienahí Nieves Pimentelcompartió una citahace 2 años
    Adivinaba, aunque vagamente, que pronto la legalidad daría resultados más eficaces
    Elienahí Nieves Pimentelcompartió una citahace 2 años
    Los mineros habían hecho cuentas, habían probado sus fuerzas, y sobrecogido de terror a los burgueses con sus gritos pidiendo justicia. Así es que su derrota no satisfacía a nadie la clase media de Montsou, poco gozosa de su victoria, no se atrevía a darse la enhorabuena, temiendo que el día menos pensado se reproducirían las escenas terribles de la huelga, comprendiendo que la revolución no agachaba la cabeza y que los obreros simulaban paciencia y resignación sólo por tomarse el tiempo de organizarse convenientemente. Lo ocurrido allí era un empujón dado a la sociedad en ruinas, y los burgueses, que la habían sentido crujir, temían nuevas sacudidas desastrosas e incesantes, que echarían abajo este edificio, como los hundimientos de la Voreux acabaron con la mina y con toda la riqueza que ella encerraba.
    Elienahí Nieves Pimentelcompartió una citahace 2 años
    aquella famosa Internacional que debía haber renovado el mundo, abortaba de impotencia, después de haber dividido su poderoso ejército a causa de las rivalidades personales. ¿Tendría Darwin razón? ¿No sería este mundo más que una batalla, en la cual los grandes se comían a los pequeños para mejoramiento y continuación de la especie?
    Elienahí Nieves Pimentelcompartió una citahace 2 años
    Él mostraría a aquellos obreros, cuya vida miserable le repugnaba ahora, como algo grande y glorioso, la única parte noble y sana de la humanidad. Ya se veía en la tribuna triunfando con el pueblo y respetado por él.
    Elienahí Nieves Pimentelcompartió una citahace 2 años
    Y hablaba tranquilamente de sus muertos, de su marido, de Zacarías, de Catalina; y solamente se vieron sus ojos arrasados en lágrimas al pronunciar el nombre de Alicia. Había vuelto a su calma de mujer razonable, y miraba las cosas sin pasión de ningún género. Estaba segura de que los burgueses pagarían alguna vez aquellas matanzas de infelices, sin necesidad de que nadie se metiese a precipitar los acontecimientos, que llegarían por sus pasos contados; entonces, tal vez los soldados hicieran fuego contra los señores, como lo habían hecho antes contra el pueblo
    Elienahí Nieves Pimentelcompartió una citahace 2 años
    Ellos, después de nosotros, todos han dejado aquí la piel; ahora les toca a los pequeños
    Elienahí Nieves Pimentelcompartió una citahace 2 años
    No me quejo; demasiado buenos han sido los jefes, como ellos mismos me explicaron. Los veinte sueldos del muchacho y los treinta míos, son cincuenta. Si no fuéramos seis personas, tendríamos para comer. Estrella devora ya, y lo malo es que habrá que esperar cuatro o cinco años antes de que Leonor y Enrique tengan edad para venir a la mina
    Elienahí Nieves Pimentelcompartió una citahace 2 años
    se niegan a concederle la pensión, porque sería inmoral dársela, según me dijo el otro día un señor en la Dirección
    Elienahí Nieves Pimentelcompartió una citahace 2 años
    Era una excepción que la Compañía, siempre caritativa, había hecho en consideración a ella, permitiéndole trabajar a los cuarenta años, debido a sus terribles desventuras; y como parecía difícil emplearla otra vez en el arrastre, la habían destinado a manejar un pequeño ventilador instalado poco antes en la galería Norte, en aquellas regiones infernales, debajo del Tartaret, en las cuales se hacía difícilmente la renovación del aire. Ganaba treinta sueldos
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