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Citas de “¿Cómo matar a 11 millones de personas?” de Andy Andrews

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Si realmente queremos comprobar las cosas, las mentiras no son difíciles de detectar.
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la inteligencia es impotente para modificar el carácter. El gran liderazgo es producto de gran carácter; y por eso es que el carácter importa».25
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las actuaciones del pasado sirven para revelar el comportamiento futuro.
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historia nos muestra que la gente que se comporta como borregos a la hora de seguir a su líder (con tal de que sus intereses personales se vean satisfechos) quizá un día se despierten viendo que su nación ha cambiado de un modo dramático.
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Decir lo que hace falta con tal de ser elegidos se ha convertido en un procedimiento estándar para muchos políticos. Eso debe parar.
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El único modo que tenemos para conocer a una persona que aspira a liderarnos es escuchar lo que dice y observar lo que hace.
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que este libro ilustra se conoce como el Principio del Camino, que expresó por primera vez el pastor estadounidense Andy Stanley. Este principio afirma: «Es la dirección, y no la intención, lo que determina el destino».22
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¿Es aceptable mentir para ser elegido? ¿Incluso si la intención del candidato es ser elegido para hacer buenas obras?
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¿Por qué la duración media de las grandes civilizaciones de nuestro mundo es de doscientos años?
¿Por qué parece que todas esas civilizaciones siguen la misma secuencia identificable: de la esclavitud a la fe espiritual, de la fe espiritual al valor, del valor a la libertad, de la libertad a la abundancia, de la abundancia a la autocomplacencia, de la autocomplacencia a la apatía, de la apatía a la dependencia, y finalmente de la dependencia de nuevo a la esclavitud?21
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¿Alguna vez te has parado a pensar en que si uno de nosotros les miente a ellos, es un delito? Pero si uno de ellos nos miente a nosotros, se considera política.
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¿cree alguien que decir la verdad resolverá todos los problemas de una nación? Por supuesto que no. Pero esun comienzo. De hecho, ¡decir la verdad debería ser lo menosque le deberíamos pedir a nuestros líderes electos! Después de todo, ¿cuáles son nuestrosestándares para ser liderados?
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asesinos llevaban los distintivos verdes. Y siempre y cuando no fueran sospechosos políticamente, a aquellos prisioneros —llamados kapos— a menudo se les ponía al cargo de los demás.
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Todos hemos oído hablar de los triángulos amarillos que se forzó a llevar a los judíos para su identificación. ¿Sabes qué otros colores se utilizaron?
Los triángulos marrones identificaban a los gitanos y a los descendientes de romanís. Los morados los llevaban los testigos de Jehová, los sacerdotes católicos y los líderes cristianos que estaban en conflicto con el gobierno.
Los triángulos negros lo marcaban a uno como vagabundo: lo llevaba cualquier persona a quien le faltaba documentación cuando se le preguntaba por una dirección permanente. Se les impusieron los azules a aquellos que se habían trasladado a Alemania de otros países, a menos que fueran judíos, en cuyo caso llevaban el amarillo.
Se hacían llevar triángulos rojos a un grupo grande y variopinto. Lo llevabas si eras miembro de un sindicato, un demócrata, un francmasón o de cualquiera de las categorías identificadas como «inconformistas políticos». Las insignias rosas identificaban a los homosexuales, aunque a cualquiera sospechoso de una ofensa sexual como violación o pedofilia se le entregaba también un triángulo rosa.
Los ladrones comunes y los
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solamente se persiguió a los judíos. Hoy día muchos no saben que de los once millones de personas exterminados, cinco millones no eran ni siquiera judíos
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«Qué suerte para los líderes —dijo Hitler a su círculo cercano— que los hombres no piensen. Haz que la mentira sea grande, simplifícala, continúa afirmándola y finalmente la creerán».15
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Yasíes como matas
a once millones de
personas. Mintiéndoles.
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Finalmente, Eichmann aparecería después de una reunión del gueto al completo. Acompañado de un séquito de no más de treinta hombres locales y oficiales a su cargo —muchos de ellos desarmados—, se dirigió a la multitud con voz fuerte y clara. De acuerdo a las declaraciones juradas, con mucha probabilidad estas fueron sus palabras exactas:
Judíos: Finalmente, puedo comunicarles que los rusos están avanzando por el frente oriental. Me disculpo por el modo precipitado en que se les ha puesto bajo nuestra protección. Por desgracia, había poco tiempo para explicaciones. No tienen nada de lo que preocuparse. Solamente queremos lo mejor para ustedes. Dentro de poco se irán de aquí y serán enviados a lugares mucho mejores. Trabajarán allí, sus mujeres estarán en sus casas y sus hijos irán a la escuela. Tendrán vidas maravillosas. Estaremos todos terriblemente hacinados en los trenes, pero el viaje es corto. ¿Hombres? Por favor, reúnan a sus familias y suban a los vagones de forma ordenada. Con rapidez ahora, amigos míos, ¡debemos darnos prisa!12
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Segundo, se aceptaron sobornos de los judíos con la promesa de mejorar las condiciones de vida. Los sobornos convencieron a los judíos de que la situación era ciertamente temporal y que no les sobrevendría ningún daño. Después de todo, razonaban ellos, ¿por qué aceptarían sobornos los nazis si solo pretendieran matarnos y llevárselo todo? Estas dos primeras etapas del engaño se establecieron para prevenir los levantamientos o incluso las escapadas.
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Primero, cuando se levantaron las alambradas de espinos rodeando vecindarios enteros, Eichmann y sus representantes se reunieron con los líderes judíos para asegurarles que las restricciones físicas que tenían lugar en su comunidad (lo que más tarde pasaría a conocerse como guetos) solamente eran necesidades temporales por la guerra. Siempre y cuando cooperasen, les dijo, nadie sufriría daños dentro de la valla.
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Adolf Eichmann, conocido como «el maestro»
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