Las partículas elementales, Michel Houellebecq
Michel Houellebecq

Las partículas elementales

336 páginas impresas
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En Las partículas elementales, Houellebecq lleva a sus últimas consecuencias su frase «Todas sociedad tiene sus puntos débiles, sus llagas. Meted el dedo en la llaga y apretad bien fuerte» La novela narra el improbable nudo que unirá los destinos de dos hermanastros: Michel, prestigioso investigador en biología, especie de monie científico que a los cuarenta años ha renunciado a su sexualidad y sólo pasea para ir hasta el supermercado; y Bruno, también cuarentón, profesor de literatura, obsesionado por el sexo, consumidor de pornografía, misógino, racista, un virtuoso del resentimiento. Encarnación consumada, en fin, de una sociedad en que la velocidad del placer no deja tiempo al nacimiento del deseo. Ambos han sido abandonados por una madre que prefirió una comunidad hippie en Ca lifornia a cualquier otro empeño. El humor de Houellebecq está más cerca de la risa desesperada que del fugacísimo regocijo del chiste. La novela, ambientada en el estricto presente, sucede como si las más pesadillescas parábolas de Kafka ya se hubieran hecho realidad, sin que nadie se haya dado cuenta.
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Habiendo leído de Houellebecq Plataforma (cuyo final me hizo llorar) y Ampliación del campo de batalla (la cual leí con una alarma de pánico en mi oído, preocupado por el devenir del protagonista), quise continuar mi exploración por la obra de este interesante escritor. Fue así como llegué a Partículas Elementales, quedando gratamente sorprendido. Ha sido la que más me ha gustado. ¿Las razones? La forma en que relata la historia de los dos peculiares hermanastros, y como sus biografías es afectada por los procesos sociológicos propios de occidente de fines del milenio, los cuales Houellebecq interpreta y explica con reveladora lucidez. A todo esto debemos sumarle temas frecuentes en él, como es el manejo de temas científicos, ya sea física cuántica o biología molecular (cosa inusual en los escritores), poniendo de manifiesto que la ciencia sí puede mezclarse con la literatura, la cual por cierto desarrolla muy bien, narrando situaciones cargados de ternura y amor, con escenas de horror y miseria insoportable. Pero lo mejor de todo es el final, donde se lanza a la caza mayor de temas que desde siempre han acechado al ser humano, como la ontología o metafísica. Gran novela, absolutamente recomendada.

Eduardo Floyd
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