La esmeralda del amor, Francisco de Rojas Zorrilla
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Francisco de Rojas Zorrilla

La esmeralda del amor

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55 páginas impresas
La esmeralda del amor. Francisco de Rojas Zorrilla
Fragmento de la obra
Jornada primera
(Tocan cajas y clarines, y salen por un lado el Rey y acompañamiento, y por el otro el Duque, el Conde y el Marqués, barba.)
Marqués: Rey nuestro, rey francés, Carlos valiente,
señor de los imperios del Oriente,
cuyo renombre aclama
el bronce de la fama,
sed ml veces a Francia bien venido;
vuestras plantas me dad.
(Arrodíllase.)
Rey: Agradecido,
(Abrázalos.) para tan nobles lazos
apercibo los brazos.
Duque: ¡Quién de vuestro valor, vuestros alientos,
supiera la verdad!
Rey: Estadme atentos:
por la margen amena del Rhin marcha
el lombardo escuadrón con tanto brío,
que del Enero no temió la escarcha
ni sintió los rigores del estío;
aquél vibra la pica y éste la hacha,
provocando a batalla y desafío,
a sombras de su bárbaro estandarte,
rayos de Jove y cóleras de Marte.
Descubrió nuestro ejército su gente
cuando dispierta la rosada aurora,
y en los hermosos campos del Oriente
rayos bebe de luz, que en perlas llora
al mismo tiempo el Sol sacó la frente,
en vano los laureles enamora,
y volviose a esconder, que no quería
ver el horror de aquel tremendo día.
Turba el cielo su faz, no está serena,
la tierra se estremece, el cielo brama,
condénsase el vapor, la nube truena,
relámpago es la luz, rayo la llama,
las nubes dan horror, los aires pena,
la niebla crece, en sombras se derrama,
no vuela el ave, encierra ya la fiera,
la lluvia amaga, tempestad se espera.
Las aguas se desatan con rocíos,
párase su escuadrón, marchan mis gentes,
crecen las lluvias, van cobrando bríos,
perlas del alba fueron ya sus fuentes;
pasan a ser arroyos, ya a ser ríos,
aun las esferas mares son valientes;
todo es tinieblas, apagose Febo,
ya es enojo de Dios, diluvio es nuevo.
Temblaron otra vez los empinados
montes al verse en aguas sumergidos,
temieron otra vez verse anegados
los pájaros celestes en sus nidos;
en las cóncavas grutas encerrados
los brutos de temor dieron bramidos;
las nubes el Océano se beben,
revientan luego y lo bebido llueven.
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