El talento de Mr. Ripley, Patricia Highsmith
Patricia Highsmith

El talento de Mr. Ripley

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Claudia Ht
Claudia Htcompartió una citahace 6 meses
Se decía que el simple hecho de ir de país en país, admirando sus obras de arte, bastaba para llenar agradablemente toda una vida
Claudia Ht
Claudia Htcompartió una citahace 6 meses
Pero daba igual. El mundo no siempre daba a cada cual su merecido. Él mismo era un buen ejemplo de ello
Claudia Ht
Claudia Htcompartió una citahace 6 meses
Sus historias eran buenas porque siempre las imaginaba intensamente, tanto que él mismo llegaba a creérselas
Claudia Ht
Claudia Htcompartió una citahace 6 meses
sus temores imaginarios, que no le servían más que para avergonzarse de sí mismo
Claudia Ht
Claudia Htcompartió una citahace 6 meses
Tom ya se había fijado, en las reuniones y al ir al teatro, que si un hombre iba vestido con prendas inglesas se trataba forzosamente de un italiano, y viceversa
Claudia Ht
Claudia Htcompartió una citahace 6 meses
La muchacha suspiró.

–¡Hombres! Siempre estáis de suerte. A una chica no podría sucederle nada parecido. ¡Los hombres sois tan libres!..
Claudia Ht
Claudia Htcompartió una citahace 6 meses
Míster Greenleaf era tan buena persona que daba por sentado que todos los demás seres humanos lo eran también
Grullo
Grullocompartió una citahace 7 meses
Cuando el buque puso proa hacia tierra, al llegar a Grecia, Tom se hallaba apoyado en la barandilla, junto a lady Cartwright, que le estaba contando lo muy cambiado que se veía el puerto de El Pireo desde la última vez que allí había estado. A Tom los cambios no le interesaban en lo más mínimo. El Pireo existía, y eso era lo único que le importaba. No era un espejismo que surgiese ante sus ojos, sino tierra firme, tierra por la que él podría caminar, en la que se alzaban edificaciones que podría tocar con sus propias manos..., si llegaba hasta ellas.
Grullo
Grullocompartió una citahace 7 meses
Se quedó con la carta en la mano, mirando a su alrededor sin ver nada, hasta que reparó en su propia imagen reflejada en el espejo. Las comisuras de la boca mostraban un rictus de preocupación y en sus ojos se advertía la ansiedad y el miedo. Daba la impresión de querer expresar las sensaciones que le invadían mediante el gesto y la expresión del rostro y, al advertir que ambos eran auténticos, sintió que, de pronto, sus temores se hacían más intensos aún.
Grullo
Grullocompartió una citahace 8 meses
Era una sensación muy parecida a la que había experimentado en París, la víspera de Navidad, la sensación de que toda la gente le estuviera observando, como si el mundo entero fuese su público, una sensación que le hacía estar constantemente en guardia, ya que una equivocación hubiera sido catastrófica.
Grullo
Grullocompartió una citahace 8 meses
Salió a la calle y encaminó sus pasos hacia el Arc de Triomphe, que estaba iluminado por los reflectores. Resultaba extraño sentirse tan solo y, al mismo tiempo, sentirse parte de todo cuanto le rodeaba, como acababa de sucederle en la fiesta.
Grullo
Grullocompartió una citahace 8 meses
Era como si, de pronto, le hubiesen arrebatado a Dickie. Ya no eran amigos. Ni siquiera se conocían. Era como una verdad, una horrible verdad, que le golpeaba como un mazazo y que no quedaba allí, sino que se extendía hacia toda la gente que había conocido en su vida y la que conocería: todos habían pasado y pasarían ante él y, una y otra vez, él sabría que no lograría llegar a conocerles jamás y lo peor de todo era que siempre, invariablemente, experimentaría una breve ilusión de que sí les conocía, de que él y ellos se hallaban en completa armonía, que eran iguales.
Grullo
Grullocompartió una citahace 8 meses
Fausto era comunista, de los de carnet, y, según decía Dickie, muy propenso a enseñar su carnet a cualquier americano, ya que le hacía gracia ver lo sorprendidos que se quedaban al verlo
Grullo
Grullocompartió una citahace 8 meses
París quedó reducido a la fachada de un café, iluminada y con la lluvia cayendo sobre su toldo y sus mesitas, apenas entrevista desde la estación del ferrocarril, como los carteles de las agencias de viajes.
Grullo
Grullocompartió una citahace 8 meses
La atmósfera de la ciudad se hacía más extraña a medida que transcurrían los días. Era como si algo se hubiese marchado de Nueva York –su realidad o su importancia– y la ciudad estuviese montando un espectáculo para él solo, un espectáculo colosal de autobuses, taxis y gente que caminaba presurosa por las aceras, de televisores enchufados en todos los bares de la Tercera Avenida, de cines con el neón de las marquesinas encendido a plena luz del día, y de efectos sonoros compuestos por el sonar de millares de cláxones y voces humanas que parloteaban sin sentido. Parecía que el sábado, cuando su buque soltase amarras, toda la ciudad de Nueva York iba a desplomarse como una gigantesca tramoya de cartón piedra.
Lenore Romero
Lenore Romerocompartió una citahace 9 meses
Odiaba volver a su auténtica personalidad del mismo modo que hubiese odiado tener que ponerse un traje viejo, manchado y sin planchar, un traje que ni cuando era nuevo valía nada.
Lenore Romero
Lenore Romerocompartió una citael año pasado
Tom sintió una punzada de dolor en el pecho y se cubrió el rostro con las manos. Era como si, de pronto, le hubiesen arrebatado a Dickie. Ya no eran amigos. Ni siquiera se conocían. Era como una verdad, una horrible verdad, que le golpeaba como un mazazo y que no quedaba allí, sino que se extendía hacia toda la gente que había conocido en su vida y la que conocería: todos habían pasado y pasarían ante él y, una y otra vez, él sabría que no lograría llegar a conocerles jamás y lo peor de todo era que siempre, invariablemente, experimentaría una breve ilusión de que sí les conocía, de que él y ellos se hallaban en completa armonía, que eran iguales.
Nadie R.
Nadie R.compartió una citahace 2 años
Una y otra vez, pensaba en lo triste, estúpida, peligrosa e innecesaria que era aquella muerte, y cuán brutalmente injusta para el propio Freddie. Por supuesto, no resultaba imposible odiar a Freddie: un cochino y un egoísta que se había atrevido a despreciar a uno de sus mejores amigos (porque sin duda Dickie era uno de sus mejores amigos) solamente porque sospechaba que era culpable de desviación sexual. Tom se echó a reír al pensar en aquellas palabras: desviación sexual.

¿Dónde está el sexo?, se preguntó. ¿Y dónde está la desviación?

Bajó la vista hacia Freddie y con voz baja y llena de resentimiento dijo:

–Freddie Miles, has sido víctima de tu propia mente retorcida.
Nadie R.
Nadie R.compartió una citahace 2 años
–No acabo de estar seguro de si me gustan los hombres o las mujeres, así que estoy pensando en dejarlos a todos.
Claudia Ht
Claudia Htcompartió una citahace 6 meses
Hubiera podido seguir viviendo con Dickie el resto de su vida, viajando y disfrutando de la vida hasta el fin de sus días. Si aquel día no le hubiera dado por ponerse las ropas de Dickie..
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