Cosmética Del Enemigo, Amélie Nothomb
Amélie Nothomb

Cosmética Del Enemigo

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Elena Pérez
Elena Pérez compartió una citahace 6 meses
Enseguida se nota cuando alguien está leyendo. El que lee, el que lee de verdad, está en otra parte.
Pam Paganini
Pam Paganinicompartió una citahace 20 días
–El verbo reprimir es el comodín del siglo veinte
Pam Paganini
Pam Paganinicompartió una citahace 20 días
Es típico del cerebro humano: te concentras en los detalles para no tener que abordar lo esencial.
Pam Paganini
Pam Paganinicompartió una citahace 20 días
Para convencer a un elegido de su misión, hay que poner a prueba sus nervios
Pam Paganini
Pam Paganinicompartió una citahace 20 días
Sólo cuenta el primer muerto. Es uno de los problemas de la culpabilidad en caso de asesinato: no es acumulativa. No se considera más grave haber matado a cien personas que haber matado a una sola. Por eso, cuando has matado a una persona no ves ninguna razón por la cual deberías privarte de matar a un centenar.
Pam Paganini
Pam Paganinicompartió una citahace 20 días
Gustave Guillaume: «Lo que le apetece al oído le apetece a la mente.»
Pam Paganini
Pam Paganinicompartió una citahace 20 días
Enseguida se nota cuando alguien está leyendo. El que lee, el que lee de verdad, está en otra parte. Y usted, caballero, estaba aquí.
M
Mcompartió una citahace 25 días
El 24 de marzo de 1999, los pasajeros que esperaban la salida del vuelo con destino a Barcelona asistieron a un espectáculo indescriptible. Como el avión llevaba tres horas de inexplicable retraso, uno de los pasajeros abandonó su asiento y se golpeó repetidamente la cabeza contra una de las paredes del vestíbulo. Le movía una violencia tan extraordinaria que nadie se atrevió a interponerse. Continuó así hasta que le sobrevino la muerte.

Los testigos de este incalificable suicidio añadieron un detalle. Cada vez que el hombre se golpeaba la cabeza contra el muro, acompañaba su gesto con un grito. Y lo que gritaba era:

–¡Libre! ¡Libre! ¡Libre!
M
Mcompartió una citahace 25 días
–Cuando uno es un señor que tiene comidas de negocios en las que le sirven rodaballo con verduritas y otros engañabobos, finge no darse cuenta de que en su interior late un patán que sueña con meterse entre pecho y espalda bazofias de las que dice pestes, como la manteca de cacahuete y los perritos calientes del bulevar Ménilmontant. Tú ibas allí a menudo, al cementerio del Pére Lachaise, con tu mujer. Le gustaba tanto contemplar aquellos árboles tan hermosos alimentados por los muertos y las tumbas de las jóvenes amadas. A ti te conmovía mucho más el olor de las salchichas friéndose en la parrilla de enfrente. Por supuesto, te habrías dejado matar antes que confesarlo. Pero yo soy la parte de ti que no se niega nada de lo que realmente le apetece.
M
Mcompartió una citahace 25 días
–Me has entendido perfectamente. Yo soy tú.

Jérôme miró al holandés como un retrasado.

–Yo soy tú –repitió Textor–. Soy esa parte de ti que no conoces pero que te conoce demasiado bien. Soy la parte de ti que te esfuerzas en ignorar.
M
Mcompartió una citahace 25 días
–La cosmética, ignorante, es la ciencia del orden universal, la suprema moral que determina el mundo. No es culpa mía si las esteticistas han recuperado esta admirable palabra. Hubiera resultado anticosmético presentarme ante usted y plantearle de golpe y porrazo sus opciones. Tenía que hacérselo vivir a través de un vértigo sagrado.
M
Mcompartió una citahace 25 días
–Porque eso no se hace. Soy una persona extremadamente formalista. Actúo según una cosmética rigurosa y jansenista.
M
Mcompartió una citahace 25 días
–¿Cómo? ¿Usted era el marido de Isabelle?

–¡Como si no lo supiera!

–¡Esto sí que es una coincidencia!

–¡Basta ya! Hace diez años mató usted a la persona que era mi razón de vivir.
M
Mcompartió una citael mes pasado
¿Para qué iba a visitar a un psicólogo si existen aeropuertos llenos de gente sin nada más que hacer dispuestos a escucharme?
M
Mcompartió una citael mes pasado
El seudoasesinato de su amiguito, la papilla de los gatos..
M
Mcompartió una citael mes pasado
Ya lo ve: no puede librarse de mí. Todo está calculado. ¿Por qué cree que la he tomado con sus oídos? No sólo porque es legal; sobre todo porque se trata del sentido que menos defensa ofrece. Para protegerse, el ojo tiene los párpados. Contra un olor, basta taparse la nariz, gesto que no tiene nada de doloroso, ni siquiera durante mucho rato. Contra el gusto, existe el ayuno y la abstinencia, que nunca han estado prohibidos. Contra el tacto, está la ley: si alguien te toca contra tu voluntad, puedes acudir a la policía. La persona humana sólo presenta un punto débil: el oído.
M
Mcompartió una citael mes pasado
–Me dediqué a aquella tarea durante años hasta que se produjo algo impensable. Tenía doce años y medio y abrí los ojos sobre la comida para gatos que estaba modelando. Sentí náuseas pero conseguí no vomitar. Fue entonces, sin saber por qué, cuando me llevé a la boca un puñado de aquella mezcla y me la comí.

–Qué asco.

–¡Pues no! ¡Al contrario! Me pareció que nunca había probado nada tan delicioso. Yo, que era un chico enclenque y terriblemente difícil para la comida, yo, a quien tenían que obligar a comer, me chupaba los dedos con aquella papilla para animales. Asustado por lo que me veía hacer a mí mismo, me puse a comer, a comer, puñado tras puñado, aquella masa viscosa con sabor a pescado. Los tres gatos miraban con consternación cómo vaciaba su pitanza en mi vientre. Yo todavía estaba más aterrado que ellos: descubría que no existía ninguna diferencia entre ellos y yo.
M
Mcompartió una citael mes pasado
Mala suerte: eso no es legal. A mí, lo que me gusta en la vida son las molestias autorizadas. Como las víctimas no tienen derecho a defenderse, resultan todavía más divertidas.
Elena Pérez
Elena Pérez compartió una citahace 6 meses
Eres mucho peor que el doctor Jekyll, y, por tanto, contienes un monstruo mucho menos admirable que esa bestia sanguinaria de Hyde. No eres un gran sabio obsesivo, sino un pequeño hombre de negocios como tantos
Elena Pérez
Elena Pérez compartió una citahace 6 meses
El verbo reprimir es el comodín del siglo veinte.
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