Cómo podía saber Carmen que después del milagro de la resurrección vendría la muerte de nuevo y se llevaría a su profeta y a su amiga, que de camino a contarle ese increíble chisme, sin la ferviente devoción que antes la había cegado, Hilda no estaría para escucharla. Cómo podía saber Álvaro que esta vez la muerte era para siempre, abrazando el cuerpo de Hilda en el piso, esperando que de nuevo abriera los ojos como ya lo había hecho una vez