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Salomé Esper

La segunda venida de Hilda Bustamante

  • Cristinacompartió una citahace 2 años
    Cuando Hilda murió, Álvaro tenía 78 años. No hubo palabras para describir su dolor.

    Cuando se volvieron a ver, y el reloj reinició, tenían ya la misma edad.

    Después, el tiempo no importó.
  • Cristinacompartió una citahace 2 años
    Todas se rieron un montón cuando Carmen lo dijo, ella más que nadie, sabía que era verdad y con ese chiste se daba cuenta de que todas ellas también lo sabían y que no les importaba, rio por eso, por ese no importarles. Fue quizás sentirse amada pese a lo que había marcado una diferencia: no esperaban que fuera más de lo que era.
  • Cristinacompartió una citahace 2 años
    Mi mamá siempre dice que Dios nos da lo que podemos aguantar, pero yo no creo que sea así. Aguantamos porque nos ayudan. Sola no se puede ni con la felicidad
  • Cristinacompartió una citahace 2 años
    Álvaro sabía que él no podía provocarlo pero ese amor le pegaba de rebote, una luz reflejando otra luz, cayendo sobre él, y en esa luz se quedaba, contento.
  • Sol Ríoscompartió una citahace 3 años
    Le contó que había florecido el amancay y que le había dado su regalo a Susana, que Carmen insistía en cocinar panes caseros que le salían más bien duros, que Clara no hablaba mucho pero cada vez que lo visitaba controlaba que el helecho tuviera agua, que quizás solo iba a eso y verlo a él era una excusa.
  • M A Rcompartió una citahace 5 meses
    pues el ser humano es un ser incapaz de salvarse y en eso reside el único error de Dios.
  • M A Rcompartió una citahace 6 meses
    ese miedo molesto y sin información, se transformó en horror, en un horror que sin embargo era familiar, y entonces más frío, y entonces más difícil de ser gritado,
  • Itzel Roblescompartió una citahace 10 meses
    Cómo podía saber Carmen que después del milagro de la resurrección vendría la muerte de nuevo y se llevaría a su profeta y a su amiga, que de camino a contarle ese increíble chisme, sin la ferviente devoción que antes la había cegado, Hilda no estaría para escucharla. Cómo podía saber Álvaro que esta vez la muerte era para siempre, abrazando el cuerpo de Hilda en el piso, esperando que de nuevo abriera los ojos como ya lo había hecho una vez
  • Itzel Roblescompartió una citahace 10 meses
    quizás el deseo era solo eso, el puro anhelo de lo que no tenía, la persistencia de lo que hubiera sido. Ahora
  • Itzel Roblescompartió una citahace 10 meses
    Mi mamá siempre dice que Dios nos da lo que podemos aguantar, pero yo no creo que sea así. Aguantamos porque nos ayudan. Sola no se puede ni con la felicidad». Hilda
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