Puede que no ame cosa alguna con mayor ímpetu que mi tiempo propio. Allí donde soy dueña de lo que hago, incluso de abolirme y, voluntariamente, dejarme ser objeto, cojín sobre el suelo, parte de un sofá, elemento en una masa, pero también allí donde decido y soy capaz de producir cosas que quieren hacer pensar, hacerme pensar, ejercer, en gesto y acción, una práctica transformadora y política.