Ese verano a oscuras, Mariana Enríquez
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Mariana Enríquez

Ese verano a oscuras

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Judith Cortés
Judith Cortéscompartió una citahace 3 meses
«Ahí está, mirá cómo se interpretan y se justifican entre machos».
Clau
Claucompartió una citahace 3 meses
«Mejor ser puto que ser cómplice», le había contestado él y mi papá esta vez no quiso explicarme de qué hablaba, pero creo que lo entendí.
Marielle Ventura
Marielle Venturacompartió una citahace 15 horas
Nos gustaba todo lo artificial, los caramelos Fizz que burbujeaban en la lengua, el helado sabor crema del cielo que era de color celeste, todo lo que se disolviera o creciera en el agua. También nos gustaba Pity y no queríamos que se muriera.
Marielle Ventura
Marielle Venturacompartió una citahace 15 horas
Era aburrido ese verano del apocalipsis y no se terminaba nunca.
Marielle Ventura
Marielle Venturacompartió una citahace 15 horas
En la oscuridad, las brasas se encendían con cada pitada, anaranjadas como luz de luciérnagas
Marielle Ventura
Marielle Venturacompartió una citahace 15 horas
Mis padres quisieron tirar el libro a la basura una vez. No había bastante muerte ya, acaso, decían, hablaban de la dictadura y los torturadores; no entendían que a Virginia y a mí nos gustaba otro tipo de infierno, un infierno irreal y ruidoso, uno de máscaras y motosierras, de pentagramas pintados con sangre en la pared y cabezas guardadas en la heladera.
Marielle Ventura
Marielle Venturacompartió una citahace 15 horas
El calor atontaba a la gente, igual que la muerte.
Marielle Ventura
Marielle Venturacompartió una citaanteayer
A los 15 años, cuando una chica no tiene futuro toma el sol con todo el cuerpo cubierto de Coca-Cola y a la piel pegoteada se acercan las moscas. O se enamora de la muerte y se tiñe el pelo y los jeans de negro. Si puede se compra un velo y guantes de encaje
Marielle Ventura
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Los nombres de nuestro fin del mundo eran crisis energética, hiperinflación, bicicleta financiera, obediencia debida, peste rosa. Era 1989 y no había futuro.
Marielle Ventura
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La habían construido sobre un suelo débil y arcilloso que era incapaz de soportar su peso: tenía los ladrillos a la vista y un aspecto glorioso pero abandonado. Una hermosa ruina. El edificio más importante de nuestra ciudad estaba siempre en perpetuo peligro de derrumbe a pesar de sus vitrales italianos y los detalles de madera noruega. Nosotras nos sentábamos enfrente de la Catedral, en uno de los bancos de la plaza que la rodeaba, y esperábamos algún signo de colapso. No había mucho más que hacer ese verano
Liliana Magdaleno
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¿La tenía que matar porque iba a dejarlo, estamos todos locos? ¿Y la nena qué tenía que ver? «Es que debió pensar que la nena era la hija de una traidora», dijo mi padre desde el sillón y mi madre, escandalizada, le gritó: «Ahí está, mirá cómo se interpretan y se justifican entre machos». «Yo no justifico nada, qué estás diciendo»,
Liliana Magdaleno
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Yo no la vi colgada de la ventana. Con el tiempo, tanta gente juraba haberla visto, muy quieta, la cara contra el edificio,
Liliana Magdaleno
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Carrasco había matado a su mujer, la bailarina, mientras ella dormía, de madrugada. A cuchillazos, a través de la sábana (ese detalle me perturbaba, ¿qué hacía tapada con una sábana con semejante calor?).
Liliana Magdaleno
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Era aburrido ese verano del apocalipsis y no se terminaba nunca.

Todo cambió cuando mi vecino del séptimo piso, a quien conocíamos solo como Carrasco, mató a su mujer y a su hija. Lo hizo po
Liliana Magdaleno
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¿Ni uno ahora? ¿Ni un contemporáneo? Ninguno. Había criminales crueles pero mataban a sus mujeres, a su familia, por venganza, por dinero, por celos, por machistas cerdos, como decía mi madre.
Liliana Magdaleno
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A los 15 años, cuando una chica no tiene futuro toma el sol con todo el cuerpo cubierto de Coca-Cola y a la piel pegoteada se acercan las moscas. O se enamora de la muerte y se tiñe el pelo y los jeans de negro. Si puede se compra un velo y guantes de encaje. Algunas de mis compañeras de colegio se pasaban las tardes
Liliana Magdaleno
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poco, y mal. Para las otras dos hacía falta dinero de inversiones, y el país no iba a conseguir ni un peso porque debía demasiado a acreedores extranjeros. Entonces: no iban a funcionar. «¿Íbamos a estar sin luz para siempre?», pregunté una tarde, llorando. ¿Qué quería decir deuda externa? Eran las palabras más feas y tristes que podía imaginarme. No había cines. No había música. No nos dejaban caminar por algunas calles
Liliana Magdaleno
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Ese verano la electricidad se cortaba por orden del gobierno, para ahorrar energía, en turnos de ocho horas. Mi padre, que no podía dejar de explicar cosas que no entendíamos del todo, nos había dicho que de las tres centrales energéticas del país solo funcionaba una
dannynicolini
dannynicolinicompartió una citahace 15 días
porque todos sabemos que las manchas de sangre son las más difíciles de limpiar, incluso cuando ya no es posible verlas
dannynicolini
dannynicolinicompartió una citahace 15 días
A ella siempre le gustaron los hombres como Bundy, convencionalmente lindos y secretamente violentos
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