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José Martí y Pérez

El presidio político en Cuba

    Adal Cortezcompartió una citael año pasado
    ¡Mirad! ¡Mirad!
    Aquí va el cólera contento, satisfecho, alegre, riendo con horrible risa. Ha trocado su guadaña por el látigo del presidio. Lleva sobre los hombros un montón de cadenas. De vez en cuando de aquel grupo informe que hace un ruido infernal destila una gota de sangre. ¡Siempre sangre! El cólera cargaba esta vez su espalda en el presidio político de Cuba.
    ¡Mirad! ¡Mirad!
    Adal Cortezcompartió una citael año pasado
    Aflige verdaderamente pensar en los tormentos que roen las almas malas. Da profunda tristeza su ceguedad. Pero nunca es tanta como la ira que despierta la iniquidad en el crimen, la iniquidad sistemática, fría, meditada, tan constantemente ejecutada como rápidamente concebida.
    Adal Cortezcompartió una citael año pasado
    Yo suelo olvidar mi mal cuando curo el mal de los demás. Yo suelo no acordarme de mi daño más que cuando los demás pueden sufrirlo por mí. Y cuando yo sufro y no mitiga mi dolor el placer de mitigar el sufrimiento ajeno, me parece que en mundos anteriores he cometido una gran falta que en mi peregrinación desconocida por el espacio me ha tocado venir a purgar aquí. Y sufro más, pensando que, así como es honda mi pena, será amargo y desgarrador el remordimiento de los que la causan a alguien.
    Adal Cortezcompartió una citael año pasado
    Cuando los pueblos van errados; cuando o cobardes o indiferentes cometen o disculpan extravíos, si el último vestigio de energía desaparece, si la última, o quizá la primera, expresión de la voluntad guarda torpe silencio, los pueblos lloran mucho, los pueblos expían su falta, los pueblos perecen escarnecidos y humillados y despedazados, como ellos escarnecieron y despedazaron y humillaron a su vez.
    La idea no cobija nunca la embriaguez de la sangre.
    La idea no disculpa nunca el crimen y el refinamiento bárbaro en el crimen.
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