Libros
Vasili Grossman

El infierno de Treblinka

    Miguel Ángel Vidaurrecompartió una citahace 2 meses
    Dos meses y medio después, el 14 de octubre de 1943, se produjo un levantamiento en la fábrica de muerte de Sobibor, organizado por un prisionero de guerra soviético, un delegado político natural de Rostov que respondía al nombre de Sashkó Pecherski. Y allí
    Miguel Ángel Vidaurrecompartió una citahace 2 meses
    sangre. El día 2 de agosto, por la tierra del infierno de Treblinka corrió la sangre repugnante de los SS. Y el cielo azul, que irradiaba luz, festejó solemnemente el momento de la venganza. Entonces se repitió una historia vieja como el mundo: los seres que se consideraban a sí mismos como representantes de la raza superior, los seres que ordenaban tronando «Achtung! Mützen ab!» (¡Atención! ¡Fuera sombreros!), los seres que arrancaban de sus casas a los habitantes de Varsovia para llevarlos a la muerte, los que con unas voces de un zumbido repugnante de dominadores gritaban: «Alle r-r-r-raus!» (¡Salgan todos!), estos seres tan convencidos de su poderío cuando se trataba de la ejecución de millones de mujeres y de niños, resultaron ser unos cobardes, repugnantes, miserables que imploraban perdón servilmente apenas se trataba de una verdadera lucha a muerte. Se desconcertaron, corrían de un lado para otro como ratas, se olvidaron del sistema diabólicamente pensado de defensa de Treblinka. Pero ¿vale la pena hablar de esto y es necesario acaso extrañarse de ello?
    Miguel Ángel Vidaurrecompartió una citahace 2 meses
    Finalmente hicieron una gran galería bajo la barraca donde los alemanes tenían el arsenal. También aquí la audacia ayudó a la gente, el dios de los audaces los protegió. Del depósito de armas fueron extraídas veinte granadas de mano, una ametralladora, carabinas y pistolas. Todo esto fue metido en escondrijos y enterrado por los conspiradores. Los conjurados se dividieron en grupos de cinco. El complicado y enorme plan de la sublevación fue elaborado hasta los últimos detalles. Cada grupo de cinco tenía una misión precisa. Y cada tarea, de una exactitud matemática, era una verdadera locura. Unos se encargaron de asaltar las torres en las que se encontraban los guardianes con ametralladoras. Otros debían atacar por sorpresa a los centinelas que circulaban entre las plazas del campo. Un tercer grupo debía atacar los automóviles blindados. El cuarto fue encargado de cortar las comunicaciones telefónicas, el quinto debía
    Miguel Ángel Vidaurrecompartió una citahace 2 meses
    Recibir una bala era un lujo», me contaba un muchacho panadero de Kossuvo que huyó del campo. La gente decía que en Treblinka ser condenado a vivir era mucho más terrible que ser condenado a muerte
    Miguel Ángel Vidaurrecompartió una citahace 2 meses
    Es oportuno señalar que estos individuos no eran ejecutores mecánicos de una voluntad extraña. Todos los testigos señalan un rasgo que les era común: la afición a los razonamientos teóricos, a filosofar. Todos ellos tenían la debilidad de pronunciar discursos a los condenados, de jactarse ante ellos, de exponer el profundo sentido y la importancia para el futuro de lo que sucedía en Treblinka. Explicaban de manera detallada la supremacía de su raza sobre las demás, declamaban grandes parrafadas sobre la sangre alemana, el carácter alemán y la misión de los alemanes.

    Su credo estaba expuesto en los libros de Hitler y Rosenberg y en los folletos de Goebbels.

    Después de trabajar y de divertirse como acabamos de describir, dormían como unos santos, sin que les perturbaran malos sueños ni pesadillas.
    Miguel Ángel Vidaurrecompartió una citahace 2 meses
    Los SS se ensañaron con crueldad con los sublevados del gueto de Varsovia. Separaron a las mujeres y a los niños del grupo y los condujeron no a las cámaras de gas, sino a los lugares donde se quemaban los cadáveres. Obligaron a las madres enloquecidas de espanto a llevar a sus hijos a las vigas al rojo vivo, sobre las que, en medio de las llamas y del humo, se retorcían miles de cuerpos muertos, donde los cadáveres, como si revivieran, se removían y se retorcían, donde los vientres de las embarazadas muertas reventaban a causa del calor y los niños fallecidos antes de nacer ardían en el vientre abierto de sus madres. Este espectáculo era capaz de trastornar el juicio de la persona más templada, y los alemanes consideraban con toda razón que iba a impresionar cien veces más de lo que ya lo estaban a las madres;
    Miguel Ángel Vidaurrecompartió una citahace 2 meses
    Personas que tomaron parte en la labor de la incineración de los cadáveres cuentan que estos hornos recordaban a gigantescos volcanes: un terrible calor quemaba los rostros de los operarios, las llamas se elevaban a una altura de ocho o diez metros, unas columnas de humo negro, espeso y grasiento subían al cielo y se cernían en el aire, formando una cobertura pesada e inmóvil. Los habitantes de los pueblos circunvecinos veían estas llamas por las noches desde una distancia de treinta o cuarenta kilómetros. Se elevaban más alto que los bosques de pinos que rodeaban el campo. El olor a carne humana quemada lo impregnaba todo.
    Miguel Ángel Vidaurrecompartió una citahace 2 meses
    cada parrilla se echaban cada vez de tres mil quinientos a cuatro mil cadáveres.
    Miguel Ángel Vidaurrecompartió una citahace 2 meses
    excavadora abrió una hondonada de unos doscientos cincuenta o trescientos metros de largo, unos veinte o veinticinco de ancho y seis de hondo. En el fondo de esta gran zanja, en toda su extensión, fueron colocadas en tres hileras y a distancias iguales unas columnas de hormigón armado de una altura sobre el nivel del fondo de cien a ciento veinte centímetros. Estas columnas servían de cimiento para unas vigas de acero colocadas a lo largo de toda la zanja. Sobre estas vigas fueron dispuestos de través unos raíles a una distancia de cinco a siete centímetros uno de otro. De esta manera se montó una gigantesca parrilla en un horno ciclópeo.
    Miguel Ángel Vidaurrecompartió una citahace 2 meses
    cialista en la materia. ¡Cuántos especialistas no habrá creado el régimen hitleriano, tanto para el asesinato de niños pequeños, el estrangulamiento y la construcción de cámaras de gas, como para la destrucción científica de grandes ciudades en un solo día! Se encontró también a un especialista para la exhumación y la cremación de millones de cadáveres humanos.
    Miguel Ángel Vidaurrecompartió una citahace 2 meses
    Después, un equipo armado de tenazas de dentista arrancaba a los muertos los dientes de oro y de platino. Esos dientes se clasificaban según su valor, se embalaban en cajas y se enviaban a Alemania. Si a los SS les hubiera resultado más ventajoso o más cómodo arrancar los dientes a las personas en vida, claro está que lo hubieran hecho sin el menor titubeo. Pero por lo visto arrancar los dientes a los muertos era más cómodo y sencillo.
    Miguel Ángel Vidaurrecompartió una citahace 2 meses
    reducimos deliberadamente las cifras podemos considerar que, si se cargaban dos veces al día, sólo en las cámaras nuevas se mataba en Treblinka cerca de diez mil personas por día y alrededor de trescientas mil al mes. Treblinka trabajó diariamente durante trece meses, pero incluso si descontamos noventa días entre las reparaciones y la llegada de un número de trenes menor del previsto, resulta que Treblinka funcionó durante diez meses completos. Si cada mes pasaron por término medio trescientas mil personas, en diez meses se mató en Treblinka a tres millones de seres humanos.
    Miguel Ángel Vidaurrecompartió una citahace 2 meses
    Esto se repetía dos, tres, cuatro y en ocasiones cinco veces por día. Pues el cadalso de Treblinka no era un cadalso sencillo: era un lugar de ejecución en cadena, método adoptado por la producción industrial contemporánea.
    Miguel Ángel Vidaurrecompartió una citahace 2 meses
    Los habitantes de la aldea de Vulka, la más próxima a Treblinka, cuentan que algunas veces los gritos de las mujeres asesinadas eran tan espantosos que todo el pueblo huía despavorido a los lejanos bosques para no oír los alaridos penetrantes que desgarraban el cielo y la tierra. Más tarde el grito se apagaba de pronto y de nuevo surgía bruscamente, espantoso, penetrante, calaba hasta los huesos, en el cráneo, en el alma. Esto se repetía hasta tres o cuatro veces por día.
    Miguel Ángel Vidaurrecompartió una citahace 2 meses
    este instante aparecía junto al edificio uno de los comandantes de Treblinka, Kurt Franz, que llevaba cogido del collar a su perro Bari. El amo lo había amaestrado especialmente para que se arrojara sobre los condenados y les arrancara de un mordisco los órganos sexuales. Kurt Franz hizo en el campo una buena carrera: empezó como suboficial de tropas de las SS y alcanzó el grado, bastante alto, de Untersturmführer. Este SS, de unos treinta y cinco años, alto, delgado, poseía una capacidad poco habitual para organizar el funcionamiento de este lugar de ejecución en cadena; no solamente adoraba su servicio: no concebía la vida fuera de Treblinka, donde nada escapaba a su vigilancia incansable; era en cierto modo un teórico, le gustaban las generalizaciones y se complacía en aclarar sus pensamientos y la importancia de su trabajo. Habría sido deseable que en esos minutos terribles aparecieran en el edificio de «gasificación» el Papa de Roma, mister Breilsford y todos los demás defensores humanitarios del hitlerismo, naturalmente en calidad de espectadores.
    Miguel Ángel Vidaurrecompartió una citahace 2 meses
    Uno u otro tipo de Estado no le cae a la gente desde el cielo: la actitud material e ideológica de los pueblos es la que engendra el orden estatal. Y es en esto en lo que se debe pensar de verdad y por lo que de verdad debe uno horrorizarse...
    Miguel Ángel Vidaurrecompartió una citahace 2 meses
    Hay que horrorizarse de la existencia no de éstos, sino del Estado que los sacó de los escondrijos, de las tinieblas, del subsuelo, y que los hizo necesarios, útiles e insustituibles en Treblinka, cerca de Varsovia; en Maidánek, cerca de Lublin; en Belzec, en Sobibor, en Osvéntsim, en Babi Yar, en Domanevka, cerca de Odesa; en Trostianets, junto a Minsk; en Ponari, en Lituania; en decenas y centenares de cárceles, campos de trabajo forzados, campos penitenciarios y campos de exterminio.
    Miguel Ángel Vidaurrecompartió una citahace 2 meses
    este último y doloroso camino, todos los testigos señalan la ferocidad de un monstruo, el SS Zepf. Se había especializado en el asesinato de niños. Dotado de una enorme fuerza, este antropoide agarraba bruscamente a un niño de la multitud y, o bien lo enarbolaba como una maza y golpeaba su cabeza contra el suelo, o bien lo partía por la mitad.

    Yo oí lo que se contaba de esa bestia, por lo visto nacida del vientre de una mujer, y me parecía increíble e inverosímil lo que de él se decía. Pero cuando unos testigos visuales me lo confirmaron personalmente, cuando oí que hablaban de ello como de uno de los deta‍
    Miguel Ángel Vidaurrecompartió una citahace 2 meses
    La cruel experiencia de estos últimos años nos ha enseñado que el hombre desnudo pierde instantáneamente la capacidad de resistir, deja de luchar contra su suerte; junto con su ropa pierde el instinto de vivir y acepta su suerte como un destino fatal. El impaciente y sediento de vida se convierte en un ser pasivo. Pero para asegurarse, los SS adoptaban por añadidura, en la última etapa del trabajo en el matadero, el método de un aturdimiento monstruoso, sumían a la gente en un estado de abatimiento psicológico.
    Miguel Ángel Vidaurrecompartió una citahace 2 meses
    Scharführer estaba sentado en una pequeña caseta de tablas. Le rodeaban algunos SS y guardianes que permanecían en pie. Junto a la caseta había unos cajones de madera en los que se echaban los objetos de valor: uno para los billetes, otro para las monedas y un tercero para los relojes, anillos, pendientes, broches con piedras preciosas, brazaletes...
fb2epub
Arrastra y suelta tus archivos (no más de 5 por vez)