Citas de “El amigo” de Sigrid Nunez

Quiero decir tu nombre, pero la palabra se muere en mi garganta.
No estoy aún ahí pero sí al borde de soltar algo. De dejarlo ir.
Así que podría suceder: al escribir sobre alguien a quien has perdido –o incluso nada más que hablando demasiado sobre ese alguien– puede que lo estés enterrando para bien.
Al final, la escritura y la fotografía probablemente destruyen más del pasado de lo que sin duda lo conservan.
Escribes acerca de experiencias en parte para comprender lo que significan, en parte para no olvidarlas con el tiempo. En el olvido. Pero siempre está el peligro de que suceda lo contrario
No puedes acelerar el amor, dice la canción. No puedes acelerar el duelo tampoco.
Lo echo de menos. Lo echo de menos a diario. Lo echo mucho de menos.
Alimentándome de sándwiches, sobre todo, y, demasiado perezosa como para hacérmelos, me llevaba dos de la tienda de alimentación cada día, algo de fruta del puesto del agricultor y nada más.
Y yo estaré ahí, por supuesto. Estaré contigo en ese último viaje al veterinario.
Necesitaré una señal cuando las cosas se compliquen demasiado.
El otro sonido constante aquí es el oleaje y quiero pensar que para ti es tan relajante como para mí.
Mi ansiedad por el comienzo de las clases dentro de una semana. Mis heridas abiertas. Mis miedos ocultos. Mi soledad. Mi rabia. Mi duelo incesante. Puedes oler todo eso
Por favor, dime que no le ocurre nada malo al perro.»
Es como cuando te enamoras, dice. El personaje de ficción es como el ser amado: siempre extraordinario, nunca una persona como las demás. Así que dejas fuera los detalles que asemejan a esa persona a todos los demás seres humanos. Y, por el contrario, tomas lo que te parece emocionante o intrigante, las cosas especiales que te hicieron en primer lugar querer escribir y las exageras.
Uno suele preguntarse cómo fue antes de que la conocieras una persona a la que has llegado a amar. Duele, casi, no haber conocido de niño a alguien a quien queremos
Andabas desaparecido, no muerto. Lo cual quería decir que podías volver. Podías volver, y si podías volver, volverías.
suicidaron.

Le cuento al terapeuta esos momentos inquietantes, tras escuchar las noticias, cuando pensé que había habido un error. Que te habías marchado y no estabas muerto. Que simplemente andabas desaparecido. Como si hubieras decidido gastarnos una horrible broma juvenil.
No es que no pueda decir cómo me siento. Es muy sencillo. Te echo de menos. Te echo de menos a diario. Te echo mucho de menos.
De los días que no como, de los días que solo como comida basura.
Mejor un perro por marido que un marido perro, digo yo siempre.
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