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Madame de Sévigné,Marie de Rabutin-Chantal

Cartas a la hija

Las cartas que madame de Sévigné escribió a la condesa de Grignan, su hija, han pasado a la historia por ser una cima absoluta de la literatura epistolar, aún más, de la literatura amorosa. En efecto, la marquesa de Sévigné, viuda de un vividor, vuelca en su hija recién casada un amor filial complejo y anhelante, hasta descubrir –alarmada, por más que Sévigné no sea ninguna beata— que la ama más que a Dios.
Figura destacada en la brillante corte de Luis XIV, ese Grand Siècle en el que coincidieron los espíritus más ingeniosos, esta salonnière, amiga íntima de madame de La Fayette y de François de La Rochefoucauld, brilla por su inteligencia, su ironía, sus pullas y la frescura y gracia de su estilo, por su prosa espontánea y zigzagueante como una conversación.
Las modas, los embarazos que enferman a las mujeres, la querella de los antiguos y los modernos, las murmuraciones de la corte o la fugacidad de la vida, todo lo abarca esta mujer imparable en la vida pública de su tiempo que posee las virtudes analíticas de una psicóloga, el apasionamiento de una novelista y la sagacidad de una filósofa.

De las más de mil cartas que se conservan de madame de Sévigné, la escritora Laura Freixas ha seleccionado y traducido aquellas donde brillan su radical modernidad y la viveza de su estilo, que admiraron, entre otros, Virginia Woolf o Marcel Proust.
208 páginas impresas
Propietario de los derechos de autor
Bookwire
Publicación original
2022
Año de publicación
2022
Traductor
Laura Freixas
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Citas

  • Talia Garzacompartió una citahace 8 meses
    y siento que estáis siendo injusta, y duermo mal; pero estoy perfectamente de salud y, si así lo deseáis, hija, tomaré café [a
  • Talia Garzacompartió una citahace 8 meses
    de Dido en Cartago para acoger a Eneas: «Cartago» será desde entonces el apodo de la casa en la correspondencia entre ambas
  • Talia Garzacompartió una citahace 8 meses
    Veremos cómo acaba todo esto; seguimos estando muertos de miedo, hasta que sepamos si nuestras tropas han vuelto a cruzar el Rin. Entonces, como dicen los soldados, estaremos en un batiburrillo, con el río en medio.

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