Valeria Luiselli

Los ingrávidos

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    Bianca Beltráncompartió una citael año pasado
    Mis vínculos con las personas que me rodeaban estaban marcados de igual manera por esos dos modos de la impermanencia: quebrarse o desaparecer.
    Yatzel Roldáncompartió una citahace 3 meses
    Así es como funciona el éxito literario, por lo menos a una escala. Todo es un rumor, un rumor que se repro­duce hasta convertirse en una afinidad
    Eduardo Barenascompartió una citael año pasado
    cuanto nos acostumbramos a la presencia silenciosa de una cosa, ésta se rompe o desaparece. Mis vínculos con las personas que me rodeaban estaban marcados de igual manera por esos dos modos de la impermanencia: quebrarse o desaparecer.

    Lo único que perdura de aquel período son los ecos de algunas conversaciones, un puñado de ideas recurrentes, poemas que me gustaban y releía una y otra vez hasta aprenderlos de memoria
    Lizbeth Salgadocompartió una citael año pasado
    Los espacios públicos, como las calles y las estaciones del metro, se iban volviendo habitables a medida que les asignara algún valor y se les imprimiera alguna experiencia.
    Alejandra Arévalocompartió una citahace 2 años
    Dejar una vida. Dinamitar todo. No, no todo: dinamitar el metro cuadrado que uno ocupaba entre la gente. Más bien: dejar sillas vacías en las mesas que se compartían con las amistades, no a modo de metáfora, sino en verdad, dejar una silla, volverse un hueco para los amigos, permitir que el círculo de silencio en torno a uno se ensanche y se llene de especulaciones.
    María Ruizcompartió una citahace 2 años
    ¿A qué se refiere?
    Si usted lleva diez años sin ver un árbol, ¿tiene sentido la palabra «árbol»?
    LupIsiscompartió una citaayer
    Lo que te pasa a ti, me dijo, es que tú también puedes recordar el futuro
    LupIsiscompartió una citaayer
    Era uno de esos días de verano en que hace tanto calor que el cerebro entra en un letargo apantanado y blando que impide el brote y consolidación hasta de la idea más sencilla. El cerebro se pone a burbujear nomás
    LupIsiscompartió una citaayer
    En realidad vine, Celeste, porque quería pedirte nomás que me prestaras un poco de dinero para llevarme a los niños a la feria el próximo fin de semana
    LupIsiscompartió una citaayer
    Me encierro en el clóset y escribo párrafos larguísimos sobre otra vida, una vida que es mía pero no es mía. Hasta que alguien se acuerda de que estoy escondida y me encuentran y el mediano grita: ¡Encontrada!
    LupIsiscompartió una citaayer
    Le escribí una carta a Novo y le conté de esa mujer que siempre llevaba un abrigo rojo, de su cabeza apoyada suavemente contra la ventana del vagón, leyendo; o a veces sólo mirando la oscuridad de los túneles desde el andén, sentada sobre una silla de madera. Le hablé de Pound también, y de toda esa gente que estaba pero no estaba en los vagones del subterráneo, un poco como yo. Me respondió que yo era un subgüey y que en vez de andar buscando fantasmas donde no había, le mandara un poema sobre el subway o algo que sirviera para llenar las páginas de la revista Contemporáneos. Y yo le hice caso y escribí un poema de más de 400 versos, porque siempre le hacía caso a Salvador. Pero la mujer morena de ojeras tristes se me siguió apareciendo hasta el último día que estuve en esa isla de subgüeyes.
    LupIsiscompartió una citaayer
    Llego un poco tarde y el portero me hace pasar al departamento. Sé que hay, aunque ahora me cuesta verla, una mesa de mármol en el recibidor, que sostiene un jarrón con flores frescas; hay una mesa larga y una sala para entretener. Hay trinchadores con la vajilla en la que comí durante muchas cenas, una pared llena de retratos familiares en los que no figuro –salvo en la cicatriz de un clavo–; hay un piano y su partitura ilegible, charolas, una criada uniformada, una cama tan grande y amarilla amarga como el mar de Mazatlán. Hay una cava llena de licores indispensables.
    Mi ex mujer ha tenido la delicadeza de no estar para recibirme. Me deja una nota con instrucciones que me lee la criada: el chiquito no puede comer azúcar, por ahora; la chiquita se baña a las ocho de la noche. Como si yo no supiera.
    Es una tarde luminosa, espléndida. Me meto la nota al bolsillo, agarro una botella de aguardiente de Cundinamarca y me llevo a los niños de paseo a mi antiguo barrio.
    Queremos ir a la feria, papá.
    Ni modo, niños, no hay dinero.
    Tomamos el subway hasta los ciento y pico y cruzamos la isla a pie de este a oeste. En una esquina compramos una sandía y unas sodas. Llegando al parque Morningside nos sentamos bajo un sicomoro blanco, de más de quince metros, la sombra enmarañada, como las cabelleras de los negros. Partimos la sandía con las manos, con una piedra, con un palito y con los dientes; los obligo a comérsela entera, sentados sobre nuestros suéteres, porque hemos olvidado las cobijas especiales que su madre guarda para los días de campo.
    Ya no podemos comer más sandía, papá, vamos a explotar, imploran.
    Sigan comiendo, nada es gratis.
    Nada, salvo el aguardiente de Cundinamarca, que me entra bien. Tiene algo de milagroso el alcohol para un hombre en mis condiciones: destraba algo, relaja los nervios del otro lado de la esfera de los ojos, y deja ver lo que hace tiempo se ocultaba entre las cataratas.
    Distingo una familia a unos metros de nosotros. Tienen manteles, música, bebidas, niños con guantes de beisbol, me dice el niño. Un poco borracho y envalentonado, me acerco al grupo y trabo amistad con el capo de familia. Me ofrece un ron. Se me ha terminado el aguardiente, así que acepto. Llamo a mis niños, que titubean un poco frente a la nueva tribu. Se presenta amable, alegre, rechoncha, una de las niñas: Soy Do, nice to meet ya. Finalmente, e
    LupIsiscompartió una citaayer
    ¿Por qué me desterraste de la novela?
    ¿Cómo?
    Escribiste que me había ido a Filadelfia. ¿Por qué?
    Para que pase algo.
    Pero si me voy, ya no tiene sentido escribir dos novelas
    LupIsiscompartió una citaayer
    Mi marido está enojado. Por descuido mío, ha vuelto a leer algunas de estas páginas. Me pregunta cuánto hay de ficción en ellas, cuánto de verdad
    LupIsiscompartió una citaayer
    Lo que pocos entienden es que uno deja una vida para empezar otra
    LupIsiscompartió una citaayer
    No una novela fragmentaria. Una novela horizontal, contada verticalmente
    LupIsiscompartió una citaayer
    En Las mil y una noches la narradora hilvana una serie de relatos para posponer el día de su muerte. Tal vez un mecanismo semejante pero inverso le sirva a esta historia, a esta muerte. La narradora descubre que mientras hilvana un relato, el tejido de su realidad inmediata se desgasta y quiebra. La fibra de la ficción empieza a modificar la realidad y no viceversa, como debiera ser. Ninguna de las dos cosas es sacrificable. El único remedio, la única manera de salvar todos los planos de la historia es cerrar una cortina y alzar otra: bajar una persiana, para poder desabrocharse la blusa; desescribir una historia en un archivo y urdir una trama distinta en otro, Penélope esquiva. Escribir lo que sí sucedió y lo que no. Al final de cada jornada de trabajo, separar párrafos, copiar y pegar, guardar; dejar sólo uno de los dos archivos abiertos para que los lea el marido y sacie su curiosidad hasta colmarla. La novela, la otra, se llama Filadelfia.
    LupIsiscompartió una citaayer
    Por supuesto hay muchas muertes a lo largo de una vida. La mayoría de las personas no se dan cuenta. Creen que se mueren una vez y ya. Pero basta con poner un poco de atención para darse cuenta de que uno va y se muere a cada rato. No es un modo poético de hablar. No estoy diciendo que el alma esto y el alma aquello, sino que un día uno cruza una calle y lo arrolla un carro; otro día se queda dormido en la tina y hasta ahí quedó; y otro, rueda por las escaleras de su edificio y se parte la cabeza. La mayoría de las muertes no importan: la película sigue corriendo. Nomás que ahí es cuando todo da un giro, aunque sea imperceptible y los resultados no sean siempre inmediatos.
    LupIsiscompartió una citaayer
    si debía decirle que todo había sido una gran ficción producida por mí.
    LupIsiscompartió una citaayer
    En el metro, camino a casa, vi por última vez a Owen. Creo que me saludó con una mano. Pero ya no me importaba, ya no sentí ningún entusiasmo. El fantasma, me quedaba claro, era yo.
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