Podemos situar hacia finales del xviii el verdadero inicio de la democratización de la lectura, el primer paso hacia una concepción de la lectura que se acerca mucho a la actual. En esa época, Alemania, en particular, pero también el resto de los países del norte de Europa –los mediterráneos, bajo la férula de la censura y con tasas de analfabetismo aún enormes, tardarían en seguir su ejemplo–, se vio sacudida por una «furia» o «manía» lectora (Lesewut, en alemán). De repente, todos leían: