Tessa Hadley

Lo que queda de luz

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    Mon Margocompartió una citahace 5 meses
    además los niños saben que los amigos no pueden hacerse, sino sólo encontrarse… o volver a perderse.
    Mon Margocompartió una citahace 5 meses
    –Sé que soy la persona adecuada para Blaise –explicaba Isobel–. Lo salvaré de sí mismo, me necesita. Nos equilibramos a la perfección. Porque sin mí él corre peligro de convertirse en un remilgado, en un viejo prematuro. Con sus relojes y sus primeras ediciones.
    Mon Margocompartió una citahace 5 meses
    o era algo típico de los viejos, al menos de los que no se abandonaban sin más? Para compensar la decadencia de su aspecto buscaban la perfección en los espacios externos de sus vidas y luego deambulaban por esos minipalacios como nueces arrugadas en su cáscara
    Mon Margocompartió una citahace 5 meses
    No se podía tener todo: la sabia lección de la vida se reducía a eso. Lo que lograbas por un lado, era siempre a cambio de otra cosa.
    Mon Margocompartió una citahace 5 meses
    Alex dijo que desde la perspectiva de otra época, algún día entenderíamos que el turismo había sido tan devastador como la explotación petrolífera o la tala de las selvas.
    Mon Margocompartió una citahace 5 meses
    El matrimonio simplemente significaba aferrarse al otro durante la sucesión de metamorfosis.
    Mon Margocompartió una citahace 5 meses
    Estaba sola: nunca había hecho amigos entre los ingleses, ni mucho menos con la menguante y triste comunidad de exiliados. Su marido la había acaparado, primero con su ambición, luego con su decepción y sus amantes, y después con su ausencia.
    Mon Margocompartió una citahace 5 meses
    La impresionaba demasiado estar rodeada de aquellos hombres inteligentes que hablaban y bromeaban, tan bien informados y tan ingeniosos. Su mera presencia física, su seguridad y su desenvoltura ya eran intimidantes de por sí, a lo que se unía la liberadora indiferencia que mostraban por su aspecto: la ropa sucia de segunda mano, los jerséis rotos con agujeros en los codos, el pelo despeinado y sin lavar, la espontaneidad de sus rostros jóvenes y entusiastas. La inteligencia y las ideas de los hombres hacían que todo cobrase sentido. Por otra parte, a Christine la acomplejaba su inteligencia femenina. A lo largo del día daba forma a sus ideas con genuino interés, pero cuando las mencionaba en las charlas nocturnas no podía evitar ser consciente de su ropa o de su aspecto. ¿Eso no mermaba su autenticidad? Cuando trabajaba en su doctorado, cuando sus ideas corrían como siguiendo un impulso propio, imaginaba a su director de tesis admirando su inteligencia. La baja autoestima la atormentaba: estas ideas contradictorias la abatían y no sabía cómo evitarlas.
    Mon Margocompartió una citahace 5 meses
    Alex era difícil y tenía un humor cambiante, se quejaba Juliet. No sabía divertirse. Quería a su hijito, pero creía que podía seguir llevando la misma vida que antes de ser padre, pasarse todo el día leyendo o tecleando en su máquina de escribir, o salir de casa sin decir palabra y ausentarse durante horas. Daba por sentado que Juliet llevara el peso de la crianza de Sandy, lo que dificultaba que encontrase trabajos como actriz, que traían más dinero a casa que la poesía. De hecho, la poesía no aportaba nada de nada. Y Juliet no podía protestar por todos los libros que él compraba, aunque iban tan escasos de dinero que pasaban semanas enteras comiendo lentejas y patatas.
    Pamela Ipinza Mayorcompartió una citahace 7 meses
    El amor sexual debía tener cierta dosis de violencia, de aventura irrefrenable; cuando ella estaba con Zachary apenas notaba su propia sensibilidad.
    Pamela Ipinza Mayorcompartió una citahace 7 meses
    ese a sus poetas, Christine no creía en esa clase de amor. Aunque ella se enamoraba continuamente –de su director de tesis, del hermano de su compañera de piso, hasta del chico que trabajaba en la carnicería–, podía regodearse en la angustia y el envilecimiento de su amor sabiendo que, si quería, era capaz de librarse de todo en cuestión de segundos. Pero quizá lo que Lydia sentía fuese amor auténtico, y lo anormal era aquel desapego irónico que la aislaba de la vida.
    Pamela Ipinza Mayorcompartió una citahace 7 meses
    es provisional», se dijo a modo de advertencia. «En las horas siguientes nuestras percepciones cambiarán una y otra vez en una evolución acelerada, mientras nos adaptamos a este desgarro en nuestras vidas. Nuestro deber siempre es atender a los más afligidos, en este caso Lydia y Grace, por lo que no diremos ni haremos nada que pueda lastimarlas». Luego pensó: «Pero yo también estoy afligid
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