Kamila Shamsie

Los desterrados

Avisarme cuando se agregue el libro
Para leer este libro carga un archivo EPUB o FB2 en Bookmate. ¿Cómo puedo cargar un libro?
    Adrianuxcompartió una citahace 7 meses
    Un Gobierno que envía a sus ciudadanos a otro país cuando actúan de un modo que no le gusta… ¿No indica eso que no somos capaces de lidiar con nuestros propios problemas?
    Adrianuxcompartió una citahace 7 meses
    El mundo era un lugar oscuro y allí estabas tú, resplandeciente. ¿Cómo se puede no amar la esperanza?
    Adrianuxcompartió una citahace 7 meses
    Si tienes diecinueve años y eres mujer, se meterán contigo por cualquier cosa que lleves puesta, y por lo general es algo fácil de manejar. Pero a veces suceden otras cosas, y las personas se vuelven mucho más agresivas
    Adrianuxcompartió una citahace 7 meses
    Para las chicas, convertirse en mujeres era algo inevitable; para los chicos, convertirse en hombres era una ambición.
    Adrianuxcompartió una citahace 7 meses
    Es una alabanza a las chicas de piel clara, que no tienen nada que temer en la vida porque todo el mundo amará siempre su piel blanca y sus ojos azules
    Adrianuxcompartió una citahace 7 meses
    precisamente contacto físico era lo único que la tecnología moderna no permitía y, sin él, su hermana y ella habían perdido algo vital en su relación
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 9 meses
    de que el hombre de la camisa azul comprenda qué es el cinturón que le han sujetado al torso.
    Intenta quitárselo a tirones, grita que le den un cuchillo, algo, cualquier cosa para cortarlo. Pero todo el mundo corre, hacia una u otra salida, y se oyen gritos y voces que claman a Dios (¿quién más podría salvarlos?). Un operador de cámara que ya es veterano en masacres se detiene en el perímetro del parque, donde calcula que está fuera del radio de explosión, y apunta su lente hacia el centro del prado, ahora casi vacío. La mujer se ha puesto de pie. El hombre cargado de explosivos, mirándola, alza ambas manos para indicarle que no se le acerque. «¡Corre! —le grita—
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 9 meses
    Un hombre vestido con una camisa azul marino entra al parque. Lo reconocen, los periodistas se agolpan en su dirección, pero él les hace señas con la mano para detenerlos y grita el nombre de la mujer que ha venido a buscar. Las cámaras se vuelven hacia ella, la única que no lo ve y que tiene la mejilla apoyada sobre la cubierta de hielo, que se ha derretido hasta volverse casi completamente transparente. Los periodistas se apartan, y dejan el camino libre entre él y ella. Allí se paran dos hombres vestidos con shalwar kameezes color beige. «Por fin has llegado», dice uno de ellos, y abre los brazos. El hombre de la camisa azul mira más allá, a la mujer, pero está en un sitio que no conoce y no quiere ofender, así que se deja abrazar. Mientras un hombre lo aprieta contra su pecho, inmovilizándole los brazos, el otro lo rodea por la cintura. Los dos hombres se apartan, se dan la vuelta, corren. Trepan la reja y salen del parque antes
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 9 meses
    Aléjate de mí, corre!» Y ella corre, pero lo hace directamente hacia él. La imagen se interrumpe por un momento cuando el hombre que sostiene la cámara sobre los hombros se encoge esperando el estallido. Al principio, el hombre de la camisa azul forcejea, pero ella lo rodea con sus brazos y le susurra algo al oído y él se detiene. Ella apoya su mejilla contra la de él, él reclina la cabeza para besarle el hombro. Por un momento son solo dos amantes en un parque, bajo un árbol antiguo, bañados por el sol, hermosos, en paz
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 9 meses
    Cómo planeaban hacerlo? ¿Con un camión aparcado en una calle vecina, cargado de dinamita, cuya explosión destruiría el vecindario entero? ¿Estaban en el alcantarillado? ¿Se habían infiltrado entre sus guardias de seguridad? Miró a Terry
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 9 meses
    Pero ¿cómo era posible que se tratara de su gente? ¿Cómo se atrevían? Después de todo lo que su generación había hecho para mejorar para ellos aquel país, ¿cómo se atrevían? ¿Animadversión personal? ¡Claro que sí
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 9 meses
    Y si él lo hubiese creído, si alguien le hubiera dicho que iba a convertirse en el secretario de Estado refugiado en una habitación mientras fuera había hombres furiosos que intentaban matarlo, él habría pensado de inmediato que se trataba de neonazis con la cabeza rapada
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 9 meses
    No creía en ninguna forma de superstición, pero alguna vez alguien le habían dicho que, según la quiromancia, las líneas de la palma izquierda eran las del destino de nacimiento, y las de la derecha las del destino que uno mismo se forjaba. Desde entonces, le agradaba notar la enorme diferencia entre ambas. Línea del corazón, línea de la cabeza, línea del destino, línea de la vida. ¿En qué momento se había convertido en un hombre capaz de dedicar siquiera uno de sus pensamientos a salvar su carrera política cuando su hija necesitaba el consuelo de un padre
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 9 meses
    Hace apenas unos días, tu mayor rival era un hombre nacido en cuna de oro, un miembro del partido desde hace muchos años. Y ahora tu rival es esta estudiante huérfana, que quiere para su hermano lo que nunca tuvo para su padre: una tumba junto a la cual poder sentarse y llorar por el horrible y lamentable desastre que ha sido su vida familiar. Mírala, Karamat: mira a esta chica triste que has convertido en tu enemiga, y date cuenta de lo bajo que has caído al hacerlo.
    El ataúd de hielo ahora estaba sellado. Habían colocado placas a los lados y por encima del cadáver, y ya no se veía el rostro. ¿Qué grado de corrupción tenía que haber alcanzado para que ella lo hubiese permitido? Antes había varias personas cerca, pero ahora ella estaba a solas con el cuerpo, sobre el césped quemado, bajo la higuera de Bengala, rodeada de pétalos de rosa secos. El olor, adivinó Karamat. El olor los había alejado a todos. Y pronto su hijo llegaría a aquel parque, que hedía a muerte y en cuyo centro estaba la mujer que amaba
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 9 meses
    Para dedicarte a ser, ¿a quién de nosotros se le ocurrió la frase?, la seda que envuelve mi cuerpo oscuro de peleador callejero. Como hiciste al comienzo —dijo, y le extendió una mano, dispuesto a ser indulgente—. Es cierto que yo no estaría aquí sin ti. Jamás lo olvido.
    Ella por fin cerró las puertas del balcón, pero solo para poder golpearlas.
    —Estúpido arrogante. Has llegado al pie de la colina y te has creído en la cima. Eres el único que no se da cuenta de que ese artículo que ha aparecido esta mañana es el comienzo de una avalancha que ya es irrefrenable
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 9 meses
    Sin embargo, sigo siendo lo bastante aguda como para ver lo que tú no ves: que dentro del partido tienes enemigos más que rivales, y promotores más que aliados; que la piel oscura no es de teflón. Dime, ¿por qué crees que me aparté de mi negocio realmente
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 9 meses
    que evidentemente se ha vuelto loca de dolor. Él ya está muerto; no hace falta que tú sigas matándolo.
    Su familia. Era su maldita familia y eran las personas menos capaces de comprenderlo
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 9 meses
    Era un mensaje para el político, no para el padre ni el esposo, y él no sabía si sentirse admirado o desesperado. Ni siquiera el vídeo de la decapitación iba a lograr alejar las noticias del drama familiar asiático si Terry Lone, famosa decoradora de interiores, icono de la moda y la esposa más admirada de Westminster según una reciente encuesta, respaldaba la historia de «animadversión personal» de su hijo.
    —Jaque mate, Teresa —le respondió—. Voy para allá
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 9 meses
    iba a pasar de su «animadversión personal» a la «evidente falta de juicio de Eamonn Lone». Pero solo por si aquello no funcionaba, era útil tener un plan alternativo que sirviera para recordarle al pueblo que, de todo aquello, la única historia para contar era la de un ciudadano británico que le había dado la espalda a su país para marcharse a un sitio en el que había crucifixiones, decapitaciones, azotamientos, empalamiento de cabezas, niños reclutados como soldados, esclavitud y violaciones. ¿Eran asuntos personales, estas cosas? ¡Por Dios, claro que sí! Golpeó el puño contra el escritorio, practicando. No estaba seguro de que decir «por Dios» fuera una buena idea mientras rodaba una cabeza por la arena
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 9 meses
    De clase trabajadora o millonario, musulmán o exmusulmán, orgulloso hijo de migrantes o antimigrantes, modernizador o tradicionalista? ¿Podía, por favor, darse a conocer el auténtico Karamat Lone? Y luego el golpe final, nuevamente de parte del miembro anónimo del gabinete: «Es capaz de vender a cualquiera, incluso a su propio hijo, si cree que eso le hará acercarse al 10 de Downing Street.»
fb2epub
Arrastra y suelta tus archivos (no más de 5 por vez)