Inhala profundamente y, al exhalar, imagina que expulsas la tensión acumulada por el estrés. Respira hondo de nuevo. Esta vez, al soltar el aire, comienza a sacudir todo tu cuerpo. Salta levemente con las rodillas semiflexionadas, relaja los hombros, deja que tus manos se agiten soltando las muñecas, libera la parte posterior de la cabeza (la base craneal) y deja que esa sacudida recorra toda tu columna vertebral.