Gilles Lipovestdky

La estetización del mundo

Avisarme cuando se agregue el libro
Para leer este libro carga un archivo EPUB o FB2 en Bookmate. ¿Cómo puedo cargar un libro?
    b6312638014compartió una citahace 4 meses
    EN TODOS LOS CONTINENTES
    b6312638014compartió una citahace 4 meses
    Marlboro, arquetipo del hombre viril, la mujer liberada de Dim, el niño del papel higiénico Lotus, las campañas del Renault R20, R18, R9, con imágenes sugerentes, sin discurso ni argumentación
    b6312638014compartió una citahace 4 meses
    Una nueva mentalidad publicitaria
    b6312638014compartió una citahace 4 meses
    Siguiendo el ejemplo de Jules Chéret, auténtico inventor de este arte nuevo que exalta los méritos del jabón Cosmydor, las bicicletas Cleveland y los grandes almacenes del Louvre, Manet, Bonnard, Vallotton, Toulouse-Lautrec, hasta Steinlein, Willette y Forain, pasando por Mucha y el Art Nouveau
    b6312638014compartió una citahace 4 meses
    Siguiendo el ejemplo de Jules Chéret, auténtico inventor de este arte nuevo que exalta los méritos del jabón Cosmydor, las bicicletas Cleveland y los grandes almacenes del Louvre, Manet, Bonnard, Vallotton, Toulouse-Lautrec, hasta Steinlein, Willette y Forain, pasando por Mucha y el Art Nouveau
    b6312638014compartió una citahace 4 meses
    La música en la era de la industria de masas
    b6312638014compartió una citahace 4 meses
    DE LOS GRANDES ALMACENES A LOS CENTROS COMERCIALES
    b6312638014compartió una citahace 4 meses
    Valores ecológicos contra ética estética?
    b6312638014compartió una citahace 4 meses
    Munkácsy, que Rodman Wanamaker,
    b6312638014compartió una citahace 4 meses
    La estetización moderna del mundo
    Miguel Velascocompartió una citahace 2 años
    Desde este punto de vista, sin embargo, el reino de la velocidad en cuanto tal no puede acabar en la picota. ¿Acaso no había visto Marinetti en la velocidad la forma moderna de la vida estética? Pero, sobre todo, gracias al aumento de la velocidad (la productividad) mejoraremos las condiciones de vida de la mayoría, viviremos más y con más salud, aumentará nuestro tiempo libre para ocuparnos, llegado el caso, de vivir mejor. El mundo de la tecnociencia crea tensión, pero es también la condición material que nos permite mejorar la calidad de vida (salud, entorno, hábitat). En el futuro habrá más tensión en nuestra vida (en la de los profesionales sobre todo), pero también más bolsas de calidad de vida.
    Miguel Velascocompartió una citahace 2 años
    a desaceleración tiene tan pocas probabilidades de generalizarse como la inversión del crecimiento y la sencillez deliberada. Pues es toda la modernidad la que es velocidad, aceleración, aumento de la productividad, e incluso las expresiones culturales aceleran el ritmo (el cine, los anuncios de televisión, las creaciones musicales). En el mundo que se avecina proseguirá la aceleración general y, en casos concretos, procesos de ralentización en respuesta a las necesidades de experiencias de calidad, de contemplación, de tranquilidad, de silencio o de placeres estéticos más refinados. Lo que está en marcha es la diversificación/dualización de la propia ética estética de la hipermodernidad.
    Miguel Velascocompartió una citahace 2 años
    Tal es la ironía de la época: cuanto más se desmaterializa y virtualiza nuestro mundo, más vemos difundirse una cultura que valora la sensualización, la erotización, la hedonización de la existencia
    Miguel Velascocompartió una citahace 2 años
    Hasta mediados de los años setenta el confort se ejemplificaba fundamentalmente con el equipo básico de los hogares: coche, frigorífico, televisión, cuarto de baño, lavadora, transistor... Lo que estaba en el centro de la naciente sociedad de consumo de masas era un confort técnico, de tipo cuantitativo, funcional e higienista. Esto ha cambiado. En la nueva cultura de una vida mejor los individuos no buscan ya sólo un mínimo de confort, sino un entorno natural de calidad, espacios de bienestar tangible y estetizado, paisajes respetados, ciudades agradables para vivir y que valoren el patrimonio histórico. Es como si el equipo básico del confort material no fuera ya suficiente. La gente no quiere ya una casa sólo para estar cobijada y abrigada; quiere sentirse a gusto en ella. La era hipermoderna de la calidad de vida coincide con una demanda sensitiva, cultural, vivir mejor, con entorno natural y patrimonio: todo menos la desaparición de los universos hedonistas, estéticos y sensualistas. Se impone una nueva era del bienestar, caracterizada por una demanda cualitativa, cultural y natural de un entorno sensible y armonioso.
    Las expectativas de calidad de vida no se limitan a la naturaleza, el hábitat y el patrimonio. Han conquistado también la relación con el cuerpo. Lo demuestra sobre todo la multiplicación de las actividades para estar en forma, para el mantenimiento de la forma, las gimnasias relajadas y acuáticas, pero también la proliferación de las talasoterapias, los spas, los salones de masaje, las saunas, los baños turcos, los baños californianos, cuyo objeto es que nos sintamos mejor, que experimentemos sensaciones íntimas, un mayor bienestar del cuerpo. La sociedad actual es igualmente testigo del éxito del zen, el yoga, las técnicas de meditación, toda una serie de técnicas de concentración en uno mismo, de «autoescucha». A pesar de la expansión del universo de la eficacia y la sobreactividad, se extiende asimismo la valoración de la calidad de vida, lo cual significa psicologización y sensualización del bienestar, experiencias sensitivas y emocionales. Una estética de las cualidades sensibles frente a la tendencia a la desmaterialización y descorporeización del mundo.
    Miguel Velascocompartió una citahace 2 años
    Paralelamente al individuo que se autodomina, que da prioridad a la calidad y a la salud, progresa un individuo caótico que expresa su desreglamentación y su impotencia.10 Tal es la cara negativa de la ética estética que, lejos de crear un arte de vivir armonioso, engendra nuevas patologías del existir.
    Miguel Velascocompartió una citahace 2 años
    as transformaciones del consumo cultural se aprecian también en la relación con el arte de los museos y las exposiciones. Pues la estética consumista que domina nuestra cultura no tiene nada que ver con la estética cultivada clásica que se proponía la elevación del alma y se realizaba con la contemplación y veneración silenciosas de las obras. En las antípodas de este ascetismo cultural, el consumidor hipermoderno es hedonista, relajado y presuroso, dado que no se detiene más que unos segundos ante las obras de arte colgadas en las paredes de los museos: menos amante del arte que zapeador bulímico de imágenes a la manera del turista curioso por todo y por nada, en espera perpetua de emociones siempre nuevas. Hoy se desliza por las obras de arte como con patines por las aceras y como cuando navega a gran velocidad en Internet.
    ¿Significa esto decadencia del homo aestheticus? Todo lo contrario. Porque en la situación actual, incluso lo que en las civilizaciones antiguas no era «obra de arte», sino objeto mágico, máscaras rituales, fetiches sagrados o máscaras de guerreros, aparece como arte puro que se admira por sus solas cualidades formales. El hiperconsumidor es el que no mira las cosas del pasado sino en función de sus gustos subjetivos y los juzga de acuerdo con criterios puramente estéticos. Los objetos y edificios han estado envueltos, desde la noche de los tiempos, en sentido social, mítico o mágico, y su carga de emoción religiosa impedía percibirlos de un modo puramente visual. Hoy vivimos una inversión completa de esta ecuación: del antiguo universo no vemos ya más que la forma por la forma, la sola dimensión artística, destinada a satisfacer a los nuevos consumidores estéticos, enamorados del exotismo y relajados como turistas. Es la época de la anexión de todas las obras del pasado por la mirada pura y el puro interés estético: con el capitalismo artístico «todo es arte», visto y apreciado como arte, realizando a su manera la utopía de las vanguardias de la modernidad.
    Miguel Velascocompartió una citahace 2 años
    La cultura aparece como un sector no sólo de disentimiento, sino también, frecuentemente, como generador de irritación, aburrimiento y decepción.
    Esto es válido para la televisión y más aún para el arte actual, que la inmensa mayoría considera incomprensible, «cualquier cosa», una descomunal tomadura de pelo. Desde el origen de los tiempos las obras de arte venían despertando la admiración del público: hoy hemos tenemos aburrimiento, rechazo, sensación de estar ante una repetición continua, sean desconstrucciones, happenings y otras instalaciones. En las sociedades tradicionales, el sistema cultural profundamente legítimo, integrado e interiorizado, era fuente de satisfacciones, mientras que la vida material estaba lejos de permitir siempre las de las necesidades básicas. Hoy sucede al revés: las insatisfacciones culturales proliferan en la misma proporción en que se multiplican las satisfacciones materiales.71
    Miguel Velascocompartió una citahace 2 años
    Gracias a las nuevas tecnologías, la experiencia estética tiende a infiltrarse en todos los momentos de la vida cotidiana: se escucha música en todos los lugares y situaciones y se pueden ver películas más o menos en todas partes, en el tren, en el avión, en el coche. Jamás ha tenido el público acceso a tantos estilos de música, a tantas imágenes, espectáculos y músicas. En la época de Internet, los DVD, la música digitalizada, el consumo cultural se ha liberado de sus antiguos ritos sociales, de las formas de programación colectiva, incluso de todos los límites espacio-temporales: se despliega según la demanda en un supermercado cultural proliferante, hipertrófico, casi ilimitado.
    Miguel Velascocompartió una citahace 2 años
    El autorretrato del individuo hipermoderno no se construye ya mediante una introspección excepcional y de largo aliento. Se afirma como modo de vida crecientemente banalizado, como compulsión comunicativa y de «estar al loro», pero también como marketing de uno mismo, pues cada cual busca nuevos «amigos», realzar el propio «perfil» y encontrar una gratificación en la aprobación que otorgan los demás. Refleja una especie de estética de uno mismo que unas veces es un neodonjuanismo virtual y otras un nuevo Narciso que se mira en el espejo de la pantalla global.
    Miguel Velascocompartió una citahace 2 años
    or último, otra característica del universo de Facebook y que es el lugar que ocupa la lógica afectiva que se cumple, en concreto, con el botón «me gusta». Lo importante ya no es lo ideológico o la posición en la escala social, sino lo reactivo, lo apreciativo y la estética, que aparecen como polos privilegiados de la expresión de la identidad hiperindividualista. Así, ante un mensaje, una opinión, una foto, un fragmento musical, el usuario de Facebook activa el botón «me gusta». No es necesario decir por qué «me gusta»; lo que cuenta es decir me gusta o no me gusta. En la situación actual, son mis gustos, mis reacciones emocionales, mis juicios de valor los que mejor expresan mi identidad concreta, es eso lo que me posiciona junto a los demás: es a mí a quien le gusta eso, a quien no le gusta, a quien ya no le gusta. No «pienso luego soy», sino soy lo que me gusta, lo que me satisface aquí y ahora. Es una identidad de tipo estético, emocional y pasajera la que triunfa en Facebook.
fb2epub
Arrastra y suelta tus archivos (no más de 5 por vez)