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Edgar Allan Poe

El hombre de la multitud

El relato se inicia con la siguiente cita del moralista francés Jean de la Bruyère: «Qué gran desgracia la de no poder estar solo.» Tras superar una enfermedad no definida, el narrador pasa el tiempo en un café londinense. Fascinado por la multitud que observa pasar a través de la ventana, considera los distintos tipos y personajes (nobles, amanuenses, comerciantes, abogados…), y el aislamiento a que están sometidos, a pesar de vivir apiñados en la gran ciudad. Al caer la tarde, el narrador se fija en «un anciano decrépito de unos sesenta y cinco o setenta años». El narrador, lleno de curiosidad, decide dejar el café y seguir a este hombre. La persecución se prolonga a lo largo de toda la noche y todo el día siguiente. Finalmente, exhausto, el narrador se enfrenta cara a cara al extraño anciano, quien, sin darse cuenta de haber sido seguido, pasa de largo. El narrador sospecha, al verlo perderse de nuevo entre la multitud, que debe de ser un terrible criminal, llamándolo «el hombre de la multitud».
16 páginas impresas

Otras versiones

Opiniones

    Santiago Battistincompartió su opiniónhace 7 meses
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Citas

    Paula Ortiz Ayalacompartió una citahace 2 años
    Conforme iba haciéndose de noche, el gentío aumentaba. Cuando se encendieron las luces, dos densas y continuas corrientes de transeúntes comenzaron a entrar y salir del establecimiento.
    Ravencompartió una citahace 9 meses
    Que mueren con la desesperación en el alma y opresiones en la garganta que no permiten ser descritas.
    Rhardycompartió una citahace 2 años
    Que mueren con la desesperación en el alma y opresiones en la garganta que no permiten ser descritas. De vez en cuando, la conciencia humana soporta cargas de un horror tan pesado que sólo pueden arrojarse en la misma tumba.

En las estanterías

    Rhardy
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