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Alessandro Baricco

Seda

  • German Romocompartió una citahace 3 años
    bajaba hasta el lago, y pasaba horas mirándolo, puesto que, dibujado en el agua, le parecía ver el inexplicable espectáculo, leve, que había sido su vida.
  • Armando El Guatequecompartió una citahace 4 años
    Y al cabo de un momento:
    –Es un dolor extraño.
    En voz baja.
    –Morir de nostalgia por algo que no vivirás nunca
  • Lilián Carrascocompartió una citahace 4 años
    –Tal vez sea que la vida a veces da tales vueltas que no queda ya absolutamente nada que decir.
  • Hermes Bribiescacompartió una citahace 5 años
    Era, por lo demás, uno de esos hombres que prefieren asistir a su propia vida y consideran improcedente cualquier aspiración a vivirla.
  • Mariana Castellanos Chávezcompartió una citael mes pasado
    Hervé Joncour permaneció inmóvil, mirando aquel enorme brasero apagado. Tenía tras de sí un camino de ocho mil kilómetros. Y delante de sí la nada. De repente vio algo que creía invisible.

    El fin del mundo.
  • Mariana Castellanos Chávezcompartió una citael mes pasado
    El 10 de octubre de 1864, Hervé Joncour partió para su cuarto viaje al Japón. Cruzó la frontera cerca de Metz, atravesó Württemberg y Baviera, entró en Austria, llegó en tren a Viena y Budapest, para proseguir después hasta Kiev. Recorrió a caballo dos mil kilómetros de estepa rusa, superó los Urales, entró en Siberia, viajó durante cuarenta días hasta llegar al lago Baikal, al que la gente del lugar llamaba el santo. Descendió por el curso del río Amur, bordeando la frontera china hasta el océano, y cuando llegó al océano se detuvo en el puerto de Sabirk durante ocho días, hasta que un barco de contrabandistas holandeses lo llevó a Cabo Teraya, en la costa oeste del Japón. A caballo, viajando por caminos, atravesó las provincias de Ishikawa, Toyama, Niigata, y entró en la de Fukushima.
  • Mariana Castellanos Chávezcompartió una citael mes pasado
    La verdad es que ellos no quieren perder los huevos. Y yo no quiero perderte a ti.
  • Mariana Castellanos Chávezcompartió una citael mes pasado
    No debes tener miedo de nada.
  • Mariana Castellanos Chávezcompartió una citael mes pasado
    Era 1861. Flaubert estaba acabando Salammbô, la luz eléctrica era todavía una hipótesis y Abraham Lincoln, al otro lado del océano, estaba combatiendo en una guerra cuyo final no vería.
  • Mariana Castellanos Chávezcompartió una citael mes pasado
    –¿Y dónde quedaría, exactamente, ese Japón?

    Siempre recto. Hasta el fin del mundo.
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