Pero en los diarios y cartas de los soldados que analizó Ashworth, observó que los soldados de las trincheras expresaban una hostilidad mínima hacia el enemigo; cuanto más alejados estaban del frente, mayor hostilidad expresaban. En palabras de uno de los soldados de primera línea, citado por Ashworth: «En casa uno insulta al enemigo, y dibuja caricaturas ofensivas. Qué cansado estoy de los káiseres grotescos. Aquí afuera, se puede respetar a un enemigo valiente, diestro e ingenioso. Tienen gente a la que aman en sus hogares, también tienen que soportar el barro, la lluvia y el acero».