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Andrés Barba

Agosto, octubre

  • Carmen Jordana Roldáncompartió una citael año pasado
    ¿Es el recuerdo así? ¿Es Marita-romano el recuerdo o es el recuerdo como la aflicción: algo que se derrumba y luego se restaura, como un enjambre pacificado? ¿Hay de verdad un porche en el que juegan al pañuelo o es el recuerdo lo conmocionado, lo que está detrás del pañuelo y de él mismo cuando la bolsa de caramelos se tropieza y cae de bruces provocando una enorme preocupación colectiva? El recuerdo es y no es una mentira, lo sabe, lo sabrá.

    Nos hace dudar de la veracidad de los hechos

  • Carmen Jordana Roldáncompartió una citael año pasado
    Lo único que le producía cierto consuelo era saber que ésas eran las calles que recorría Marita, que ésas eran las personas con las que se cruzaba si salía, que ésos eran los árboles, ésa era la ría y ésa era la tierra que pisaba
  • Carmen Jordana Roldáncompartió una citael año pasado
    Sólo el dolor era real. El dolor físico. Sólo el dolor tenía la capacidad de sostener y ordenar todo, de localizarlo en unos límites precisos.
  • Carmen Jordana Roldáncompartió una citael año pasado
    Y siente también en el recuerdo que Marita es mortal, y que él lo es. Lo siente como un descubrimiento cándido y lleno de nostalgia.
  • Carmen Jordana Roldáncompartió una citael año pasado
    No sentía nada en realidad, y el no sentir nada era ya un estado en sí mismo, un malestar que se percibía precisamente por su carencia
  • Carmen Jordana Roldáncompartió una citael año pasado
    No sentía nada en realidad, y el no sentir nada era ya un estado en sí mismo, un malestar que se percibía precisamente por su carencia.
  • Carmen Jordana Roldáncompartió una citael año pasado
    . No sentía nada en realidad, y el no sentir nada era ya un estado en sí mismo, un malestar que se percibía precisamente por su carencia.
  • Carmen Jordana Roldáncompartió una citael año pasado
    Luego siguieron su padre, su madre, las amigas de la tía Eli, y cuando todos se volvieron hacia él para dejarle pasar, cuando se agachó para coger un puñado de la montañita que quedaba junto a la fosa y se dispuso a caminar hacia allí, sintió como si la vida de la tía Eli fluyera muy seria y solemnemente sobre sus cabezas por primera vez desde que había muerto, como si se esfumara en el aire del cementerio y saliera caracoleando entre los árboles oscurecida y como extrañada de sí misma, o ajena, como un paisaje que se transforma al ser observado.
  • Carmen Jordana Roldáncompartió una citael año pasado
    La chica salió disparada en el acto, como si ahora fuesen sus propias palabras las que se hubiesen convertido en un palo y el palo estuviese entonces volando por el aire, varios metros por delante de ella, en dirección a las chicas.
  • Carmen Jordana Roldáncompartió una citael año pasado
    Todos sus gestos parecían auténticos, todas sus palabras parecían auténticas, pero no había allí una mujer
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