Citas de “La vaca que lloraba” de Ajahn Brahm

La risa libera endorfinas en la corriente sanguínea, que son analgésicos naturales. También incrementa el sistema inmunitario para sobreponerse a cualquier infección. Por eso es bueno reír cuando se siente dolor. Y al que no me crea le invito a que lo haga la próxima vez que se dé un golpe en la cabeza.
La aflicción es ver solo lo que te han quitado. La celebración de la vida es reconocer todo con lo que hemos sido bendecidos, y sentirse agradecido por ello.
Pues porque de no haber sido –respondió el marido con amargura– por la comida saludable que me has estado dando durante años, ¡podía haber estado aquí desde hace mucho tiempo
–Es bastante malo morirse de cáncer –dijo–, pero es demasiado tener que tratar también con los problemas emocionales de mis visitas.
que nos apoyan. En nombre de todas esas personas que te quieren y se preocupan por ti, he venido a darte su permiso para morir. No tienes necesidad de mejorar.
Un compañero monje había padecido una enfermedad desconocida durante muchos años. Pasaba todo el tiempo en la cama, día tras día, semana tras semana, demasiado débil para salir siquiera de su habitación. El monasterio no ahorraba ningún gasto ni esfuerzo en buscar todo tipo de terapia médica, ortodoxa o alternativa, en un intento de ayudarle, pero nada parecía funcionar. Pensaba que se sentía mejor, salía al exterior para dar, tambaleándose, un breve paseo, y luego recaía durante semanas. Muchas veces se pensó que se moría.

Un día, el sabio abad del monasterio tuvo una idea acerca del problema. Así que fue a la habitación del monje enfermo, que miró fijamente al abad con expresión desesperada.

–He venido aquí –dijo el abad– en nombre de todos los monjes y monjas de este monasterio, y también en el de las personas laica
Pensar en ello es mucho más duro que hacerlo
Así pues, ¿cómo escapas de las muchas prisiones de la vida? Fácil. Basta cambiar la percepción de la situación y «querer estar allí». Incluso en San Quintín, o en lo que más se le parezca –por ejemplo, mi monasterio–, cuando quieres estar allí, ya no es una prisión para ti

En ese caso, es relativo, suponiendo que alguien trabaja ahí por necesidad, incluso hasta en eso se puede abogar porque el trabajo le proporcionará los ingresos indistintamente

Cualquier lugar en el que no quieras estar, no importa lo cómodo que sea, es como una prisión. Este es el significado real de la palabra «prisión»: cualquier situación en la que no se quiere estar. Si estás en un trabajo en el que no quieres estar, estás en una prisión. Si estás en una relación en la que no quieres estar, también estás en una prisión. Si estás enfermo y en un cuerpo lleno de dolor en el que no quieres estar, también eso es una prisión para ti.
La libertad es estar satisfecho de estar donde estás. La prisión es desear estar en algún otro lugar. El Mundo Libre es el mundo experimentado por alguien que está satisfecho. La libertad real es estar libre de deseos, no que los deseos estén en libertad.
–Tenemos que levantarnos a las cuatro de la mañana –empezó–. A veces hace mucho frío, porque nuestras pequeñas habitaciones no tienen calefacción. Comemos solamente una comida al día, todo mezclado en un cuenco. Por la tarde y por la noche no podemos comer nada. Por supuesto, no hay sexo ni alcohol. Tampoco tenemos televisión, radio o música. Nunca vemos películas, ni podemos hacer deporte. Hablamos poco, trabajamos duro y pasamos nuestro tiempo libre sentados con las piernas cruzadas vigilando nuestra respiración. Dormimos en el suelo.
Es cierto que mi monasterio es mucho más ascético que la más severa de las cárceles para los delincuentes de la sociedad, y, sin embargo, muchos vienen a quedarse libremente y son felices aquí. Mientras que muchos quieren escapar de la bien acondicionada prisión, y son desgraciados allí. ¿Por qué?
Para quienes creen que «cuando consiga esto, entonces seré feliz», su felicidad será tan solo un sueño en el futuro. Estará siempre, como el arco iris, uno o dos pasos por delante, pero siempre más allá de su alcance. Nunca en esta vida, ni después, hará realidad la felicidad.
Por qué creemos que tenemos que trabajar tanto para hacernos ricos, y así poder encontrar después satisfacción
En mi tradición, no está permitido que los monjes acepten, posean o manejen dinero. Somos tan pobres que echamos a perder las estadísticas del gobierno.
Tal vez la piedra más preciosa que tengamos en nuestra «jarra», siguiendo con lo dicho en la historia anterior, sea la felicidad interior. Cuando no tenemos felicidad dentro de nosotros, no tenemos ninguna felicidad que dar a los demás. Así pues, ¿por qué damos tan escasa prioridad a la felicidad, posponiéndola hasta el final?
El que sabe, no habla; el que habla, no sabe.

He who knows does not speak; he who speaks does not know.

Así es la sabiduría: intuitiva, imprevista, irrepetible.
Pues que mi ojo –comenzó la filósofa en miniatura– puede ver a su papá, y puede ver también un elefante. Además, también puede ver una montaña, y muchas cosas más. Así que si todo eso cabe en mi ojo, ¡mi ojo debe de ser la cosa más grande del mundo!

Sabiduría no es erudición, sino ver claramente lo que no se puede enseñar.
A menudo se preguntaban cómo la tortuga parlanchina era capaz de hablar durante tanto tiempo sin tomarse siquiera un respiro. Pensaban que debía de utilizar las orejas para respirar, puesto que nunca las usaba para escuchar.
fb2epub
Arrastra y suelta tus archivos (no más de 5 por vez)