Aristóteles, Descartes, Hegel, Freud, todos dan por hecho que el lenguaje da cuenta del mundo, que existe una equivalencia entre la sintaxis y la estructura de la realidad. Es un afán en el fondo teológico —piensa el autor citado—, que bebe de los textos proféticos y reproduce, sin darse cuenta, bajo una apariencia de racionalidad, los mitos que han relatado un anhelo de absoluto del que la humanidad no consigue liberarse por mucho que procure secularizar el pensamiento.